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domingo, 10 de agosto de 2014

Jaime I y la Horchata

La horchata es una bebida típica de la Comunidad Valenciana. Se hace a partir de un tubérculo llamado "chufa", introducido en la zona por los árabes durante la ocupación de la península.

Vaso de horchata.
Existe una leyenda alrededor de esta refrescante bebida que explica el origen del nombre. Cuentan que Jaime I el Conquistador, rey de Aragón, probó esta bebida cuando aún no se llamaba así, tras la toma cristiana de Valencia. Una joven ofreció al rey aliviar el calor con un vaso de leche de chufa. Al probar la refrescante bebida, el rey preguntó a la joven de qué se trataba. Al decirle al rey aragonés que se trataba de leche de chufa, éste contestó: "aixó no és llet, és or xata!" (esto no es leche, ¡Es oro, chata!).

De esta historia provendría el nombre de "horchata", con el que la conocemos hoy en día. Pero esta explicación etimológica no es más que uno de los muchos cuentos, mitos de la Reconquista. Lo más probable es que la palabra derive del italiano "orzata" (horchata).

Pero no deja de ser una bonita historia...

viernes, 31 de agosto de 2012

Las cadenas de Navarra

Escudo de Navarra.

La Ley Orgánica de Reintegración y Amejoramiento del Régimen Foral de Navarra (LORAFNA), de 10 de agosto de 1982, establece en su artículo 7.1:

"El escudo de Navarra está formado por cadenas de oro sobre fondo rojo, con una esmeralda en el centro de unión de sus ocho brazos de eslabones y, sobre ellas, la Corona Real, símbolo del Antiguo Reino de Navarra".

Actualmente así es el escudo de Navarra y, como todos los blasones, tiene su historia y su porqué.

Hace 800 años (y unos pocos días…), el 16 de julio de 1212 exactamente, tuvo lugar en la provincia de Jaén la Batalla de Las Navas de Tolosa, en la cual los ejércitos de los reyes cristianos Alfonso VIII de Castilla, Sancho VII de Navarra y Pedro II de Aragón se enfrentaron a una fuerza almohade que les doblaba en número, y cuyo rey decía que “quería llegar a Roma y dar de beber en su río a su caballo”.

Eslabones de cadenas de
Las Navas de Tolosa
conservados en el Palacio
 de Navarra.
Los tres reyes cristianos se alzaron con la victoria, una de las más importantes de La Reconquista (y de la historia bélica mundial). Y además nos ha dejado algunas de esas curiosidades que me gusta publicar.

Las cadenas del escudo navarro representan las usadas por esclavos para encadenarse alrededor de la tienda del rey moro Miramamolín el Verde e impedir la entrada de los soldados enemigos. Se dice que Sancho VII de Navarra (apodado el fuerte), medía más de dos metros veinte de altura y que podía manejar el mandoble con una sola mano, y que, durante el asalto final a la tienda del rey moro, rompió las cadenas con su propia espada.

Esas son las cadenas que figuran en el escudo de Navarra. Y la esmeralda del centro representa la que Miramamolín llevaba en su turbante.

Sello de Sancho el Fuerte anterior a las cadenas, usado hoy en
día como símbolo independentista.

Desde entonces Sancho el Fuerte adoptó las cadenas como sello personal, sustituyendo al “arrano beltza” (águila negra en euskera). En 1234 las cadenas se comenzaron a utilizar como blasón del Reino de Navarra.

Las cadenas también aparecen en los emblemas de numerosas localidades y regiones españolas e incluso en las francesas que son territorios históricos navarros.

jueves, 16 de agosto de 2012

Manuel Machado: Castilla


Manuel Machado (1874-1947)
     
 El ciego sol se estrella
      en las duras aristas de las armas,
      llaga de luz los petos y espaldares
      y flamea en las puntas de las lanzas.

      El ciego sol, la sed y la fatiga.
      Por la terrible estepa castellana,
      al destierro, con doce de los suyos,
      -polvo, sudor y hierro- el Cid cabalga.

      Cerrado está el mesón a piedra y lodo...
      Nadie responde. Al pomo de la espada
      y al cuento de las picas, el postigo
      va a ceder... ¡Quema el sol, el aire abrasa!

      A los terribles golpes,
      de eco ronco, una voz pura, de plata
      y de cristal responde... Hay un niña
      muy débil y muy blanca,
      en el umbral. Es toda
      ojos azules; y en los ojos, lágrimas.
      Oro pálido nimba
      su carita curiosa y asustada.

       “¡Buen Cid! Pasad... El rey nos dará muerte,
      arruinará la casa
      y sembrará de sal el pobre campo
      que mi padre trabaja...
      Idos. El Cielo os colme de venturas...
      En nuestro mal ¡oh Cid! No ganáis nada.”

      Calla la niña y llora sin gemido...
      Un sollozo infantil cruza la escuadra
      de feroces guerreros,
      y una voz inflexible grita: “¡En marcha!”

      El ciego sol, la sed y la fatiga.
      Por la terrible estepa castellana,
      al destierro, con doce de los suyos
      -polvo, sudor y hierro-, el Cid cabalga.



MANUEL MACHADO, “Castilla”.

Para aclarar un poco (para los que no sean muy duchos en poesía, como yo), este poema de Manuel Machado está inspirado en el “Poema del Cid”, donde el rey Alfonso VI ha prohibido que nadie ayude al Cid en el camino a su destierro.


viernes, 6 de abril de 2012

Irse por los cerros de Úbeda

Estatua de Fernando III
(Baeza)
Hasta hace poco desconocía el origen de esta popular frase hecha española: Irse por los cerros de Úbeda. Y ha sido viendo un documental sobre la Reconquista cristiana como he descubierto su origen.

Todo empezó cuando Álvar Fañez (el Mozo), uno de los más importantes capitanes al servicio del rey Fernando III de Castilla, desapareció momentos antes de una de las batallas más importantes de la Reconquista, la toma de Úbeda (Jaén), en el año 1233.

El Mozo no se personó en la ciudad hasta que los musulmanes fueron derrotados y, como es de esperar, el rey castellano le interrogó por su ausencia, a lo que el capitán respondió que se había perdido por los cerros de Úbeda.

La Península Ibérica en 1233.
Puesto que los montes de esta ciudad jienense no son tan grandes como para que un soldado experimentado pueda perderse, su respuesta se entendió con ironía y fue tachado de cobarde.

Aunque hay fuentes que justifican la ausencia de Álvar Fañez por una supuesta cita con una mujer árabe de la que se enamoró. 

En cualquier caso esta frase ha pervivido durante ocho siglos, hasta nuestros días, y se usa cuando alguien intenta evadirse de un tema en concreto durante una conversación.

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