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viernes, 28 de noviembre de 2014

El origen erróneo de la bandera republicana

Bandera de la Segunda República
(1931-1939).
La tricolor, la bandera utilizada durante la Segunda República Española, es el pendón con el que se identifica gran parte de la izquierda española, o, al menos, la izquierda más republicana. Es una bandera muy lucida en determinado tipo de manifestaciones, y se ha puesto mucho más de moda recientemente debido a la decisión de Su Majestad D. Juan Carlos I de abdicar.

La bandera republicana tiene en su diseño dos diferencias con respecto a la rojigualda actual, además del escudo que corresponda. Para empezar, las tres franjas de la bandera republicana son del mismo ancho, mientras las de la rojigualda difieren, la central es el doble de ancho que las rojas.

Bandera de la Primera República
 (1873-1874).
Pero el adjetivo "republicana" no es el más correcto para referirse a esta enseña, puesto que hay otra bandera republicana, la de la Primera República Española, y no es tricolor, sino rojigualda. Este simple dato es desconocido por gran parte de los que enarbolan la tricolor, que asocian rojo y gualda a monarquía o, peor aún, a franquismo.

En cuanto a la diferencia de colores, el pabellón de la Segunda República añade el morado a la banda inferior. El origen de este color se debe a que se deseaba añadir a Castilla en los colores de la bandera nacional, puesto que se relacionaba el rojo y amarillo con los tonos de la Corona de Aragón, apreciándose discriminación hacia la histórica tierra castellana.

De esta forma, se incorporó una banda morada al pabellón de la Segunda República, para intentar hacerla más "nacional". Pero este gesto, en principio de buena fe, es considerado un error vexilológico, pues el color histórico de Castilla no es el morado, sino el rojo carmesí. Pero con el paso del tiempo, el rojo de antiguas banderas acaba perdiendo color y asemejándose más al morado. Y esto mismo le ocurre al blasón de los Comuneros de Castilla, una enseña que se ha reproducido y es usada en la actualidad por parte de la izquierda española. Se trata de un paño de fondo morado y un castillo en el centro, cuando en realidad el fondo era rojo carmesí.

Recreación de banderas comuneras.

Sobre temas históricos, y más en éste, siempre hay diversas teorías, versiones y opiniones. Me encantaría que aprovechaseis los comentarios para ofrecer vuestras aportaciones sobre la bandera tricolor y su morado.

lunes, 19 de agosto de 2013

Gibraltar: 300 años de tensión


Peñón de Gibraltar.
Después de una larga temporada sin actualizar, sin escribir y sin participar en esta bitácora, aprovecho que dispongo de algo más de tiempo para publicar una nueva cápsula. Y el tema a tratar he decidido que sea Gibraltar pues en las últimas semanas es la noticia de apertura en cada informativo, tenemos Gibraltar hasta en la sopa.



¿Desde cuándo Gibraltar es británico? ¿Por qué? La respuesta fácil es: desde 1713, a causa del Tratado de Utrecht, y a buscar en Wikipedia... Pero en estos párrafos voy a tratar de introduciros al conflicto de Gibraltar.


La palabra Gibraltar deriva de Tarik ibn Ziyad, nombre del comandante musulmán que, en el año 711, eligió éste lugar para el desembarco de las tropas que invadirían la península. A partir del Siglo XIV el Peñón pasa de unas manos a otras hasta que, en 1462, pasa a ser territorio castellano definitivamente.

En 1701 comienza la llamada Guerra de Sucesión Española. Una Guerra Civil entre borbónicos y austracistas (a esta casa apoyó Inglaterra). Y las principales potencias europeas "entraron en el juego", apoyando a uno u otro bando.

En 1713 se firma el Tratado de Utrecht que pone fin a la guerra, se proclama a Felipe de Anjou (de la casa Borbón) rey de España (bajo el nombre de Felipe V), y se cedía las plazas españolas de Gibraltar y Menorca a Reino Unido.

A este respecto, he rescatado las siguientes frases del artículo X del citado tratado:

"El Rey Católico, por sí y por sus herederos y sucesores, cede por este Tratado a la Corona de la Gran Bretaña la plena y entera propiedad de la ciudad y castillo de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortalezas que le pertenecen, dando la dicha propiedad absolutamente para que la tenga y goce con entero derecho y para siempre."

Para empezar, se cede la ciudad y el puerto, pero no las aguas que reclama Reino Unido hoy día como suyas, esas en las que los pescadores trabajan y la Guardia Civil patrulla. Pero los británicos se escudan en que son aguas nacionales y les pertenecen. Y mucho menos toda esa tierra que se le ha ido ganando al mar y que ha aumentado considerablemente el tamaño de la colonia.

En el "para siempre" también se apoyan para mantener su soberanía, pero esas mismas palabras aparecen en el artículo que trata la entrega de Menorca, y en cambio no fue para siempre. Volvió a soberanía española en 1802.

"...que la dicha propiedad se ceda a la Gran Bretaña sin jurisdicción alguna territorial y sin comunicación alguna abierta con el país circunvecino por parte de tierra."

En este punto se apoyó el dictador Franco para cerrar la "verja" en 1969, como respuesta a la promulgación de la Constitución de Gibraltar, en la que se elimina toda opción de cambiar la soberanía del Peñón en contra de los deseos de sus habitantes.

"...que no se permita por motivo alguno que judíos ni moros habiten ni tengan domicilio en la dicha ciudad de Gibraltar"

Eso dice el tratado, claro que hablamos de un acuerdo que cuenta ya con 300 años recién cumplidos. Una ligera modernización no estaría de más.

"Si en algún tiempo a la Corona de la Gran Bretaña le pareciere conveniente dar, vender, enajenar de cualquier modo la propiedad de la dicha Ciudad de Gibraltar, se ha convenido y concordado por este Tratado que se dará a la Corona de España la primera acción antes que a otros para redimirla."


Este párrafo aclara que si Reino Unido no quiere ejercer su soberanía sobre Gibraltar, España tendrá preferencia en hacerse con ella.

Y la historia del Peñón sigue hasta el Siglo XX con multitud de "encontronazos" entre España y Reino Unido. Durante la Segunda Guerra Mundial los aliados andaban con la mosca detrás de la oreja por si Franco decidía unirse a Alemania y declarar la guerra a Reino Unido con la ocupación de Gibraltar.

Cartel de una de las calles españolas con el nombre de "Gibraltar Español".

En 1967 el Reino Unido hizo un Referéndum en Gibraltar que dio como resultado que la casi totalidad de los gibraltareños quería seguir siendo británicos.

La última acción de Gibraltar ha sido el famoso lanzamiento al mar, en aguas en disputa, de entre 30 y 40 bloques de hormigón que, supuestamente, son para crear un arrecife artificial, pero que pueden esconder otras posibilidades, como ser utilizado para una futura red de telecomunicación. Pero lo que ha provocado más movilizaciones es que estos bloques han inutilizado el caladero en el que los pesqueros españoles faenaban, pues los bloques poseen largos hierros en los que quedarían enganchados las redes de los pescadores.

El asunto de Gibraltar es muy extenso: tensión entre fuerzas de seguridad españolas y gibraltareñas, el aeropuerto, paraíso fiscal, contrabando, gibraltareños que residen en España sin pagar impuestos y un largo etcétera. 

Además, para esta "cápsula de historia" debería dar más detalles de la Guerra de Sucesión Española y del Tratado de Utrecht, pero alargaría demasiado el artículo y no es mi intención pero... volveré.

Y tú que dices ¿Gibraltar español o británico?

sábado, 22 de diciembre de 2012

Felipe el Hermoso: Primer Habsburgo en España

Retrato de Felipe de Habsburgo.

Felipe de Habsburgo no era español, nació en Flandes en 1478. Era Duque de Borgoña y Archiduque de Austria, entre otros, pero su relación con España no llegó hasta 1496 cuando se casó con Juana de Castilla, (conocida como Juana la Loca), hija de los Reyes Católicos, quienes pactaron la boda con el padre de Felipe, Maximiliano I, emperador del Sacro Imperio.

Así pues, con su matrimonio con la infanta Juana, Felipe introdujo en España la dinastía Habsburgo, que reinó hasta el año 1700, cuando murió Carlos II, último Habsburgo que ostentó el trono español (aunque no sería el último si contamos al Archiduque Carlos, quién luchó por el trono contra el Borbón Felipe V, pero ya nos estaríamos metiendo en la Guerra de Sucesión, y eso lo dejamos para otro día).

El apelativo de “el Hermoso” se lo dio el rey francés Luis XII en 1501, quien recibió a la pareja en la ciudad francesa de Blois, durante el viaje que hicieron desde Flandes con destino a Castilla, donde serían reconocidos como legítimos herederos de la corona castellana (tras la muerte de los dos infantes castellanos que tenían preferencia sobre el trono). El monarca francés al ver a Felipe dijo: “He aquí un hermoso príncipe”.

Felipe de Habsburgo y Juana de Castilla.
Aunque si observamos los retratos de Felipe no nos parezca tan “hermoso”, este apodo le pudo ser otorgado debido a que era un galán como mucho éxito entre las damas y muy ágil en los deportes y la caza. Lo que si afirman textos de la época es que era un joven “bien proporcionado”.

A la muerte de Isabel I en 1504, el trono de Castilla caería a manos de su hija Juana pero en su testamento la reina católica había hecho constar que la corona la mantendría Fernando II de Aragón en el caso de que Juana "no quiera o no pueda entender en la gobernación", o sea, que no estuviera en sus cabales.

Por este hecho Felipe de Habsburgo y Fernando el Católico tendrían una seria disputa que pudo acabar en guerra, de no ser por la “retirada” del trono del rey aragonés. Convirtiéndose el noble flamenco en Felipe I de Castilla.

Su curiosa muerte ocurrió poco más de dos meses después de su coronación, en 1506, en Burgos, tras un partido de pelota. Sí, lo que hoy conocemos como pelota vasca. Al parecer, tras acabar el partido Felipe bebió agua fría que, al estar aún sudando, le provocó una fiebre que acabó con su vida, cuando contaba con 28 años de edad. Aunque otra teoría apunta a que la fiebre fue provocada por la peste.

Tras el fallecimiento de Felipe el Hermoso su hijo Carlos pasó a ser el rey de España. Carlos I de España y V de Alemania. 
Escudo de armas de Felipe el Hermoso
(tras su matrimonio con Juana).

viernes, 6 de abril de 2012

Irse por los cerros de Úbeda

Estatua de Fernando III
(Baeza)
Hasta hace poco desconocía el origen de esta popular frase hecha española: Irse por los cerros de Úbeda. Y ha sido viendo un documental sobre la Reconquista cristiana como he descubierto su origen.

Todo empezó cuando Álvar Fañez (el Mozo), uno de los más importantes capitanes al servicio del rey Fernando III de Castilla, desapareció momentos antes de una de las batallas más importantes de la Reconquista, la toma de Úbeda (Jaén), en el año 1233.

El Mozo no se personó en la ciudad hasta que los musulmanes fueron derrotados y, como es de esperar, el rey castellano le interrogó por su ausencia, a lo que el capitán respondió que se había perdido por los cerros de Úbeda.

La Península Ibérica en 1233.
Puesto que los montes de esta ciudad jienense no son tan grandes como para que un soldado experimentado pueda perderse, su respuesta se entendió con ironía y fue tachado de cobarde.

Aunque hay fuentes que justifican la ausencia de Álvar Fañez por una supuesta cita con una mujer árabe de la que se enamoró. 

En cualquier caso esta frase ha pervivido durante ocho siglos, hasta nuestros días, y se usa cuando alguien intenta evadirse de un tema en concreto durante una conversación.

lunes, 12 de marzo de 2012

La capital de España

El artículo cinco de la constitución española dice: "La capital del Estado es la villa de Madrid". Pero no siempre ha sido así. En esta cápsula repasaremos brevemente el baile de capitales de España a lo largo de los últimos siglos.

Escudo de la ciudad de Burgos,
donde se puede leer la
inscripción: "caput castellae".
Durante la edad media no existía el concepto de capital de estado, básicamente porque no había una corte estática, sino itinerante. Los monarcas no fijaban su residencia en un solo lugar, sino que se alojaban en los distintos palacios reales a su disposición en las distintas ciudades del reino.

Aún no habiendo capital de nación como la entendemos hoy día, existían ciudades con cierta distinción. De esta manera nos encontramos en el Reino de Castilla con “caput castellae”, la cabeza de Castilla, honor que vestía la ciudad de Burgos. A su vez, en la Corona de Aragón nos encontramos con Barcelona, la ciudad condal, sede del Conde de Barcelona; y la “cabeza del reino de Aragón”, como llamó a la ciudad de Zaragoza el rey aragonés Pedro IV el del puñalito.

Ya en el siglo XVI, con la unificación de España, Carlos I nombra a Toledo “ciudad imperial”. Aunque a punto estuvo de investir a Granada como capital, debido a la pasión que sentía hacia tal ciudad, pero sus asesores le convencieron de que estaba demasiado lejos de sus intereses en Italia y Centroeuropa.

"Palacio de Carlos V", en Granada.
Finalmente, en 1561 Felipe II nombra Madrid como capital española. Aunque años más tarde, tras la unificación de España y Portugal (1580 a 1640) estuvo a punto de llevar la capitalidad a Lisboa.

Un momento… ¿finalmente? No, no… aún se mudo un par de veces más. 

A comienzos del siglo XVII la capital pasó a ser Valladolid pero solo durante cinco años (1601 a 1606), tras los cuales volvió a Madrid.

Alfonso XIII estuvo a punto de trasladar la capital nacional a Barcelona en 1888, debido al auge que experimentaba la localidad. Pero esta opción no llegó a consumarse.

Mapa del comienzo de la Guerra Civil
Española.
El último desplazamiento de la capital española ocurrió en el siglo XX. Durante la Guerra Civil Española el bando republicano trasladó la capital a Valencia y más tarde a Barcelona, mientras el bando nacional situó “su capital” en Burgos. Al finalizar la Guerra Civil, el 1 de abril de 1939, y hasta el 17 de octubre, se mantiene la capital en la ciudad de Burgos.

Y desde el 18 de octubre de 1939 hasta el día de hoy la capital de España es la Villa de Madrid.


Y yo pregunto…

  • ¿Se habría independizado Portugal de haber ostentado la capitalidad de España?

  • ¿Existiría menos sentimiento independentista en Cataluña si Alfonso XIII hubiera llevado la capital a Barcelona?

jueves, 16 de febrero de 2012

Madrid, capital de Armenia

León V de Armenia y I de Madrid

Mapa de 1355 en el que se puede observar la situación de
Armenia (territorio verdiblanco en la parte superior derecha.
En 1375 los mamelucos egipcios conquistaron el reino cruzado de Armenia (región de Cilicia, al sur de la actual Turquía), último reino cristiano en Oriente. El rey León V de Armenia es apresado y trasladado a El Cairo.

El rey Juan I de Castilla negocia su liberación y paga el rescate. Al haber perdido su reino, Juan I le otorga el señorío de Madrid (la capital del reino era Burgos), además de Villa Real (actual Ciudad Real) y Andújar (Jaén), convirtiéndose el rey armeno en 1383 en León I, señor de Madrid. La concesión le fue otorgada sin posibilidad de ser heredada.

Las tres villas pertenecieron a León V de Armenia hasta 1391, cuando Enrique III de Castilla (hijo y sucesor de Juan I) ordenó su incorporación de nuevo al Reino de Castilla.

Así que de 1383 a 1391 Madrid fue la capital de Armenia, y León V de Armenia fue el primer señor de Madrid, hasta su muerte en 1393, sin lograr recuperar su reino.

Tumba de León V en Saint Dennis, París (Francia).

martes, 7 de febrero de 2012

¿Sabías que…

Enrique I de Castilla (1217) murió golpeado por una teja desprendida de un tejado cuando dos mancebos se asomaron para verle marchar?

Felipe I de Castilla, el Hermoso (1506), murió por beber demasiada agua fría nada más terminar un partido de pelota?

Felipe II de España, el Prudente (1598), falleció por una infestación masiva de piojos (pediculosis)?

Fernando VI de España, el Prudente (1759), murió por un cólico, sentado en la taza del retrete?

Ésta entrada la he sacado del blog “La curiosidad mató al hombre”. Su artículo es muchísimo más extenso e interesante. Yo solo he rescatado los protagonistas españoles de su lista de “muertes absurdas”.

lunes, 31 de octubre de 2011

La Rochela: Primera utilización de artillería de a bordo


No hace falta acudir a los siglos XVI o XVII para encontrarse una gran victoria española. En el siglo XIV, de la mano del Reino de Castilla, se logró una victoria aplastante contra Inglaterra. Además se trató de una batalla naval, algo que a los ingleses les tuvo que tocar la fibra, puesto que hasta entonces ellos dominaban el Océano Atlántico.

Escudo de la Corona de Castilla
El 20 de junio de 1372 y en el desarrollo de la batalla de los 100 años, el conde de Pembroke (Juan de Hastings, yerno del rey Eduardo III de Inglaterra) acudió al puerto de La Rochelle comandando una armada inglesa de 50 barcos.

La Rochelle (en español La Rochela) era una ciudad inglesa situada en lo que hoy es Francia. Los franceses la estaban sitiando, y la citada flota inglesa acudió en auxilio de los asediados.

Castilla, aliada de Francia en la guerra, acudió para apoyarle por mar en el asedio. El día 21 llegó al puerto la armada castellana de 20 ó 22 barcos (no se sabe exactamente la cifra correcta), al mando del genovés Ambrosio Boccanegra. Poco tardaron los castellanos en darse cuenta que no tenían la más mínima posibilidad, los ingleses poseían más del doble de barcos, además de ser mucho más grandes y poderosos. Pero como más vale maña que fuerza Boccanegra ordenó la retirada.

Pintura de la Batalla de La Rochelle

¿Por qué maña? Pues porque si los navíos ingleses eran más grandes, también eran de mayor calado y podían quedar varados si perduraban en el puerto hasta la bajada de la marea.

Cuando se produjo la bajamar, el día 22, la flota inglesa quedó varada en el puerto, tal y como se esperaba, entrando entonces los castellanos con sus, más pequeños, barcos. La batalla fue una auténtica paliza, para los británicos por supuesto. Los castellanos usaban, por primera vez, artillería de  a bordo.

Fotografía de la entrada al puerto
de La Rochelle en la actualidad.
Los anglosajones perdieron la totalidad de su flota: barcos hundidos, quemados o capturados. Ocho mil (sí, 8.000) ingleses fueron apresados y no hay muchos datos de sus muertos.

¿Bajas castellanas? Ni un barco perdido. Entre los hombres castellanos he encontrado poco, o nada, en la red, se habla de escasas, insignificantes o nulas bajas.

Cabe destacar, que casi todos los prisioneros ingleses fueron perdonados y liberados poco después. A excepción de algunos caballeros importantes, y del propio conde de Pembroke, por los que se pidió una recompensa.

Algunas fuentes mencionan que los barcos castellanos ya se encontraban en La Rochela cuando llegaron los ingleses, produciéndose entonces la retirada hispana. Yo he dado por buena la versión que os he narrado pero vamos, que el resultado es el mismo en ambas interpretaciones.

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