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viernes, 11 de septiembre de 2015

Minicápsulas: Los irlandeses de Franco

Irlandeses con uniforme de La Legión.
Durante la Guerra Civil Española, el General del ejército irlandés O'Duffy, apoyado por la iglesia católica irlandesa, decidió crear una unidad de voluntarios para luchar en el bando nacional.

Se entrevistó con los generales Cabanillas y Mola, quienes apoyaron el proyecto, pero Franco decidió aplazarlo por temor a provocar la intervención soviética.

Una vez que las brigadas internacionales comenzaron a apoyar a la República, Franco aprobó el reclutamiento de voluntarios irlandeses.

En torno a 700 irlandeses se alistaron, muchos de ellos veteranos de la Guerra de Independencia Irlandesa, quedando encuadrados en la XV Bandera de La Legión.

Fuente: Revista "SERGA" nº72

martes, 1 de enero de 2013

El primer muerto de La Legión


La Legión es una de las unidades que más expectación causa de las Fuerzas Armadas debido a sus peculiares señas de identidad. Esas patillas y barbas, la cabra (aunque existen otros animales mascota), su pechera abierta con el pelo asomando y esos desfiles a ritmo huracanado.

Y también el himno de La Legión, el Novio de la Muerte, es de los más conocidos entre los españoles. Una canción bonita a la par que triste, que cuenta la trágica historia de un legionario que muere en combate y al que le encuentran un poema entre sus ropajes. Digna de una novela, pero la historia que cuenta está basada en la realidad de un legionario que ansiaba la muerte para reunirse con su novia.

En octubre de 1920, Baltasar Queija de la Vega, un joven de 18 años y natural de Riotinto (Huelva) conseguía su primer destino en La Legión. Un cuerpo de voluntarios que contaba con pocos meses de existencia y que aún no había tenido oportunidad de hacerse notar en esa Guerra de Marruecos en la que España intentaba contener a los rebeldes que, aprovechando la orografía y conocimiento del terreno, tenían en jaque al ejército.

Baltasar Queija de la Vega, cabo legionario.
Al poco tiempo de llegar a África recibió la noticia de que su novia, que permanecía en Riotinto, había fallecido. Este hecho afectó de tal manera a Baltasar que llegó a decir a Millán Astray (creador de La Legión) que deseaba recibir la primera bala que llegase del enemigo, después de que Astray le hubiera encontrado llorando.

Y así fue. El 7 de enero de 1921 cuando el cabo Baltasar regresaba al campamento de Zoco el Arbaa (cerca de Tetuán) tras una patrulla por la zona, su pelotón sufrió una emboscada y fueron atacados por un grupo de rebeldes que les superaba en número. Aún así los legionarios rechazaron el ataque. Pero Baltasar fue alcanzado por una bala, herida que le causó la muerte, lo que le convirtió en el primer legionario muerto en combate.

En sus bolsillos encontraron un trozo de papel con un corto poema escrito por él que decía así:

Somos los extranjeros legionarios
El Tercio de hombres voluntarios
Que por España vienen a luchar


La trágica historia del cabo Baltasar, del poeta Baltasar, corrió por toda La Legión, y avabó llegando a oídos del escritor Fidel Prado, quien redactaría la letra del Novio de la Muerte. El músico Juan Cosa lo convirtió en canción y cuando Millán Astray la escuchó decidió que se usara como himno de La Legión, hasta el día de hoy.

El novio de la muerte
Nadie en el Tercio sabía
quién era aquel legionario
tan audaz y temerario
que en la Legión se alistó.
Nadie sabía su historia,
mas la Legión suponía
que un gran dolor le mordía
como un lobo el corazón.
Mas si alguno quién era le preguntaba,
con dolor y rudeza le contestaba:
«Soy un hombre a quien la suerte
hirió con zarpa de fiera,
soy un novio de la muerte
que va a unirse en lazo fuerte
con tan leal compañera».


Cuando más rudo era el fuego
y la pelea más fiera,
defendiendo su bandera,
el legionario avanzó.
Y sin temer al empuje
del enemigo exaltado,
supo morir como un bravo
y la enseña rescató.
Y al regar con su sangre la tierra ardiente,
murmuró el legionario con voz doliente:
«Soy un hombre a quien la suerte
hirió con zarpa de fiera,
soy un novio de la muerte
que va a unirse en lazo fuerte
con tal leal compañera».



Cuando al fin le recogieron,
entre su pecho encontraron
una carta y un retrato
de una divina mujer.
Y aquella carta decía:
«...si algún día Dios te llama,
para mí un puesto reclama
que a buscarte pronto iré».
Y en el último beso que le enviaba,
su postrer despedida le consagraba.
«Por ir a tu lado a verte,
mi más leal compañera,
me hice novio de la muerte,
la estreché con lazo fuerte
y su amor fue mi bandera».

Y no me olvido del Cristo de la Buena Muerte, pero esta cápsula no da para más. Lo dejo para otra ocasión.

viernes, 3 de febrero de 2012

Alhucemas: El primer desembarco moderno de la historia

Ya hemos visto en esta bitácora cual fue el segundo mayor desembarco de tropas de la historia, y hoy os traigo el primer desembarco aeronaval de la historia, el desembarco de Alhucemas.

Imagen del desembarco de Alhucemas.
Fue la primera vez en la historia mundial que fuerzas navales, terrestres y aéreas actuaron bajo un mismo mando, el del General Miguel Primo de Rivera. También se utilizaron por primera vez carros de combate en un desembarco. Sucedió el 8 de septiembre de 1925, en el marco de la Guerra del Rif.

En la operación colaboró, ligeramente, Francia, afectada también por las rebeliones rifeñas, aportando algunas embarcaciones y una escuadrilla de bombarderos.

Abd el-Krim, líder
de los insurrectos.
Tras preparar el terreno con la artillería de los buques y aviones españoles (que volaban tan bajo que recibieron numerosos impactos de bala) comenzó el desembarco de tropas terrestres en las playas de la Cebadilla y de Ixdain, pero con problemas. Los hombres que desembarcaron en la Cebadilla tuvieron que hacer frente a una playa plagada de minas y quienes lo hicieron en la playa de Ixdain tuvieron serios problemas puesto que las corrientes y la incesante actividad de la artillería enemiga les impedía llegar a tierra, pero los legionarios que llenaban las barcazas, al mando del entonces coronel Francisco Franco, saltaron y, con el agua cubriéndoles casi por completo, completaron la distancia hasta la costa.

Al cabo de dos oleadas 9.000 soldados españoles tomaron Alhucemas. Al terminar el día se desplegaron en la zona un total de 13.000 hombres.

Esta batalla supuso el final de la Guerra del Rif (o Guerra de Marruecos), después de más de 15 años de conflicto.

FT-17 del Ejército Español, modelo que participó en el desembarco.

El general estadounidense Eisenhower se basó en el desembarco español de Alhucemas para planear el de Normandía (El más grande de la historia, delante del de Cartagena de Indias) durante la Segunda Guerra Mundial.

viernes, 5 de agosto de 2011

Isla de Perejil, ¿española?

Mapa que muestra la situación del islote, en la esquina superior izquierda.

Primera cápsula de historia “africana”.

A 200 m de la costa marroquí y a 8 kilómetros de la ciudad española de Ceuta se encuentra el pequeño islote de Perejil. En él existía un destacamento de militares españoles hasta los años 60.

Tanto España como Marruecos reclaman su soberanía pero el caso se encuentra aún en litigio. La isla nunca ha pertenecido al país árabe, pero sí a Portugal, que la cedió a España junto con Ceuta, quedando restos de civilización portuguesa en el islote.

Soldados marroquíes ocupando
el Perejil español.
El 11 de julio de 2002 la isla fue tomada por 12 militares de la Gendarmería Real de Marruecos que la demandaban como marroquí. Los primeros en llegar al lugar fue la Guardia Civil, vía marítima, que instó a los magrebíes a abandonar Perejil, quienes respondieron colocando banderas de Marruecos en las elevaciones del terreno.
Legionarios españoles junto a la
bandera española izada en la isla.



El día 17 y, tras los intentos fallidos de que fuera desalojada vía diplomática, componentes del Grupo Especial de Operaciones del Ejército Español toman la isla y detienen a los infantes de marina marroquíes (que relevaron el día anterior a los gendarmes reales). No se efectuó ni un disparo.

Legionarios españoles llegan a la isla tras el desalojo marroquí, colocando la bandera de España, la misma que tuvo que ser retirada días después por exigencias del gobierno Alauí en la negociación, volviendo Perejil a su estado anterior, sin símbolos de soberanía.

“Ni pa’ tí, ni pa’ mí”.

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