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jueves, 14 de mayo de 2015

Batalla de Mühlberg: el mejor soldado del mejor tercio

En 1547, siendo Carlos I de España emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, tuvo que hacer frente a una rebelión de varias provincias del Imperio, defensoras de la Reforma Luterana (Protestante). A esta unión de territorios se le conoce como Liga de Esmalcada y la fundaron Juan Federico I de Sajonia y Felipe I de Hesse,

Carlos V en Mühlberg (Tiziano, Museo del Prado).
El ejército protestante, liderado por Juan Federico, príncipe elector de Sajonia, atacó las tierras de Mauricio de Sajonia por haber abandonado la liga y volver a ser fiel al emperador. Este hecho provocó que el emperador Carlos reuniera un ejército, que mandaría él mismo junto a su hermano Fernando I de Hungría y Bohemia y el Duque de Alba, para acabar con la amenaza luterana.

La hueste imperial, formada por tercios españoles, flamencos, italianos y lansquenetes alemanes, persiguió a la fuerza de Juan Federico hasta darle caza frente a la ciudad alemana de Mühlberg. Ambos ejércitos se encontraron a orillas opuestas del río Elba, cuyos puentes los luteranos se habían ocupado de destruir, pues tenían todas las de perder frente a las tropas imperiales, en superioridad numérica.

Así pues, salvo algún arcabuzazo y fuego de artillería, poco podían hacer los españoles y sus aliados para pasar a cuchillo a los "infieles". Por ello, un grupo de apenas diez arcabuceros españoles, encabezados por el soldado Cristóbal Mondragón y con la espada entre los dientes y arcabuz sobre sus cabezas, cruzaron el río por un vado poco profundo que les había mostrado un campesino del lugar al que soldados de la Liga habían robado dos caballos. Tras cruzar el río, mataron a los soldados que hacían guardia al otro lado y ayudaron al resto del ejército imperial a atravesar el río, colocando un puente desmontable en poder de la Liga. El ejército protestante, sorprendido, fue destruido, y la Liga de Esmalcada suprimida.

La nota de humor la puso el propio príncipe elector Juan Federico, que intentó huir a lomos de su caballo, pero entre el sobrepeso de éste y el lastre de la armadura, el equino no pudo llegar muy lejos y Federico fue capturado.

Hasta aquí la historia. La nota romántica es la que explica el título de esta entrada. Pues he encontrado muchas páginas en internet en las que se habla que el Emperador se presentó ante el reducido grupo que vadeó el río y, dirigiéndose a Cristobal Mondragón dijo: "Eres el mejor soldado del mejor tercio de la infantería española". Pero no he podido confirmar este hecho, por lo que creo que no es más que una "contaminación histórica" proveniente del artículo de Arturo Pérez-Reverte dedicado a la batalla "Una historia de violencia".

sábado, 4 de abril de 2015

Españoles disfrazados de árabes para alzarse con la victoria

En 1605 varios barcos con soldados españoles y caballeros de la Orden de Malta (que desde 1530 disfrutaban de la cesión de la isla de Malta, otorgada por Carlos I de España), trescientos cincuenta hombres en total, se aproximaron al puerto tunecino de Hammamet. Su intención no parece que fuese otra más que la de atizar un golpe al enemigo y, de paso, saquear la ciudad.

Uno de los cañones que defendían el puerto de Hammamet.
El puerto estaba esperando la llegada de una escuadra turca, y los cristianos, conocedores de esa información, la aprovecharon en su beneficio. De entre los navíos de su flota, embarcaron en veleros que prepararon al estilo musulmán. Vistieron las naves y a ellos mismos con telas, ropajes y turbantes moros. Portaban banderas árabes y hasta tocaban instrumentos mahometanos.

Atracaron y desembarcaron en las narices del enemigo, recibidos por una muchedumbre de soldados y habitantes de Hammamet que ansiaban la llegada de tropas amigas para hacer negocio. Pero en cuanto españoles y caballeros pusieron pie en tierra los tunecinos se percataron del engaño. Tras la sorpresa inicial, los tunecinos recibieron arcabuzazos y una embestida que provocó el pánico entre esos soldados e inocentes. Los soldados del puerto, desconcertados y pisoteados por el propio pueblo al que defendían y que huía hacia la ciudad con la esperanza de salvar el pellejo, no pudieron hacer nada por repeler el asalto.

Los cristianos saquearon la ciudad y se llevaron centenares de prisioneros, justo antes del socorro de las tropas que estaban de camino a la ciudad, tal como atestigua el alférez Alonso de Contreras en sus memorias: 

"(...) Capturamos a todas las mujeres y a los niños, algunos hombres (...); entramos en la ciudad, la saqueamos. Embarcamos setecientas almas. Vienen de improviso más de tres mil moros en su ayuda, tanto a pie como a caballo, por lo que prendimos fuego a la ciudad y embarcamos (...) Después de ésto regresamos a Malta, contentos; ahí derroché un poco de lo que había ganado"

Las memorias de este soldado, que alcanzó el rango de Capitán y que sirvió en Flandes, son las que, dicen, inspiraron a Arturo Pérez Reverte  para escribir la saga de novelas "Las aventuras del capìtán Alatriste".

domingo, 1 de marzo de 2015

La misa española en Inglaterra (Batalla de Cornualles)

Los ingleses se jactan de que nadie les ha derrotado en las islas británicas desde hace mil años. Craso error, y para muestra un botón.

Juan del Águila y Arellano
(Museo de Versalles).
Enrique III de Navarra, de religión protestante, llegó al trono francés. Cosa que irritó sobremanera al Papado, quien, junto con España, decidieron guerrear al hereje. Inglaterra entró en la pelea del bando francés, mandando tropas al país galo.

Juan del Águila (Maestre de Campo de los Tercios) encomendó a Carlos de Amézquita una expedición de castigo a Inglaterra. Con cuatro galeras y cuatrocientos hombres, el vasco Amézquita desembarcó en la Bahía de Mount (Cornualles) el 2 de agosto de 1595.

Los españoles tomaron varias ciudades y fortificaciones sin que los soldados ingleses que guarnecían la zona (se cuenta que hasta tres veces superiores en número a las tropas españolas) se decidieran a entablar batalla.

Antes de levar anclas, los españoles decidieron realizar una misa en suelo inglés, y eso que Isabel I de Inglaterra castigaba como delito de traición el que sus ciudadanos asistieran a una misa católica. Además, prometieron erigir un monasterio cuando los herejes ingleses fueran vencidos.

Una vez en el mar, una flota de 40 barcos mercantes y seis de guerra, comandada por Francis Drake, intentó dar caza a las galeras españolas. El navío inglés que logró darles alcance fue hundido. Existen distintas versiones de esta batalla, que sitúan las perdidas inglesas en hasta cuatro naves hundidas. En estos enfrentamientos sufrieron veinte bajas, las únicas de la expedición.

Sirva este ejemplo para demostrar esa falacia de que nadie ha conseguido ganar una batalla en las islas británicas. Los españoles vencieron y deambularon a sus anchas, embarcando y avanzando por la costa inglesa.

domingo, 8 de junio de 2014

El español que salvó a Europa de los nazis

Este artículo debería de haber llegado a tiempo para publicarlo el día 6, 70 aniversario del Día D, del mayor desembarco de tropas de la historia y que significó el principio del fin de la Segunda Guerra Mundial. Pero debido a problemas técnicos me he retrasado dos días en publicarlo. Aún así coincide con un importante día para el mundo militar pues es el Día de las Fuerzas Armadas españolas (último acto militar que será presidido por el Rey Juan Carlos I).

Quiero hablaros de Joan Puyol, un español considerado por muchos el salvador de Europa. Su papel fue clave para el triunfo de la Operación Overlord, la Batalla de Normandía.

Joan Puyol (Garbo) cuando
trabajaba para el MI5.
Joan nació en Barcelona en 1912. Durante los primeros meses de la Guerra Civil vivió los horrores del anarquismo y el comunismo, hecho que le hizo pasarse al bando franquista. Pero también vivió las atrocidades de la guerra provocadas por fascistas, por lo que acabó por desentenderse.

En 1940, viendo los matices que tomaba la Europa ocupada por el Tercer Reich, Joan intenta aportar su grano de arena para parar los pies a los alemanes. Su mujer, Araceli González, acudió a la embajada británica para ofrecer los servicios de su marido al MI5, servicio de inteligencia británico. Pero allí debieron decirle algo del tipo "¿de qué vas?", y de vuelta a casa. Tras este intento, Joan acudió a proponer los mismos servicios a la embajada alemana. El Abwehr (servicio de inteligencia de la Alemania Nazi) le aceptó como espía, con el nombre en clave Arabel.

Joan, desde Lisboa pero mandando información como si estuviera en Londres, estableció una falsa red de espías y comenzó a ganarse la confianza alemana. Envió cartas secretas de diferente caligrafía, creó sus confidentes inventados con todo detalle. Fue entonces, siendo "Arabel" ya oficialmente espía nazi, que fue aceptado por el MI5 para trabajar como doble agente, con el nombre en clave con el que ha pasado a la historia: Garbo.

Los británicos proporcionaban a Garbo la información que les convenían que conocieran los alemanes, que llegaron a condecorar con la Cruz de Hierro a Joan. Fue a raíz de la Operación Torch, en la que los aliados planeaban el desembarco de tropas en Túnez. Garbo pasó una información muy exacta del lugar y magnitud del desembarco, pero la carta llegó tarde a manos del Reich, debido a problemas de retraso en el servicio postal, a propósito por supuesto.
Bandera de la Alemania Nazi.

Pero la operación más importante en la que participó el español fue la Operación Fortaleza (Fortitude en inglés). Una maniobra de engaño en la que se pretendía hacer creer a los nazis que los aliados desembarcarían en el estrecho de Calais, la zona más cercana a la costa británica, 250 kilómetros al este de Normandía, zona real de desembarco.

Así que el 6 de junio de 1944, los aliados (Estadounidenses, Canadienses y Británicos) desembarcan en las playas de Normandía con los nombres clave: Utah, Gold, Omaha, Juno y Sword.

Tras el inicio del desembarco, el Zorro del Desierto, Erwin Rommel, ordena a unidades desplazadas en Calais que acudan en refuerzo de las playas de Normandía donde estaba sucediendo el desembarco. Es entonces cuando Garbo informa a los alemanes que el ataque es solo una distracción del principal desembarco de Calais, que sería mandado por el propio Patton, general estadounidense que, se podría decir, causaba pavor en sus enemigos.

Hitler en persona creyó la crucial información aportada por su espía Arabel y anuló la orden de refuerzo en Normandía.

Al finalizar la guerra, los nazis amenazaron de muerte a Joan Puyol por engañarles, pero Garbo les volvió a engañar: "No os engañé, os alerté horas antes del desembarco, pero no supisteis defenderos en Normandía y ellos consolidaron la cabeza de puente normanda y desistieron de desembarcar por Calais".

Joan Puyol es, me atrevería a decir, la única persona condecorada por el III Reich (la Cruz de Hierro que ya mencioné) y por el Reino unido, la Orden del Imperio Británico.

Después de la guerra, Joan viajó a Angola, huyendo de posibles represalias de supervivientes nazis. Allí finge su muerte y pasaría los últimos cuarenta años de su vida en Venezuela.

Y fue así como Joan Puyol, un español asqueado del comunismo y el fascismo, admirador de la democracia británica, jugó un papel clave en la historia. ¿Dónde están el reconocimiento a su persona?

"El espía que volvió de la muerte" Recorte de una
publicación británica donde se desvela el
crucial papel de este español en la 2ªGM.

Y por aportar más datos "hispanos" en relación al Día D:

Fuentes principales: Wikipedia, El Confidencial.

sábado, 19 de abril de 2014

Toros contra ingleses

En 1655 una flota de 38 navíos y 3000 soldados ingleses tenían como misión atacar la ciudad de Santo Domingo (actual República Dominicana) para lograr conquistar la isla de La Española y establecer una colonia inglesa en pleno Caribe que diera facilidad a continuar la expansión desde ella.

Mapa (Geacron.com) del Caribe en 1655,
aún con Jamaica en poder español.
Pero los españoles mostraron la resistencia suficiente para rechazar sus ataques. Los ingleses lo intentaron nuevamente días más tarde pero la lejanía de la ciudad de la costa no hacía muy útil la artillería de a bordo y, finalmente, se retiraron.

Pero para no llegar a Inglaterra con las manos vacías fijaron un nuevo objetivo en la isla española de Santiago, que no era otra que la actual Jamaica, antes de que los ingleses le cambiaran el nombre. La isla cayó en manos inglesas tras la poca resistencia que la escasa población pudo ofrecer.

Pero no fue la primera vez que los británicos intentaban hacerse con Jamaica. En 1600 sucedió una extraña batalla. Una flota inglesa comandada por Christopher Newport (formado por el corsario Francis Drake) se dirigió hasta la ciudad Nuestra Villa de la Santísima Señora de la Vega (actual Spanish Town, capital de Jamaica hasta el siglo XIX).

La ciudad estaba defendida por dos centenares de españoles, que se enfrentaban a 1500 ingleses. Estos últimos, seguros de su victoria (al igual que en Cartagena de Indias), enviaron a un emisario con bandera blanca que se presentó en la playa con un mensaje/amenaza para los defensores. Debían rendir la plaza o los matarían a todos.

Los españoles se aprovecharon del regular español del mensajero para "hacerse los locos", retrasar el ataque y seguir preparando las defensas de la ciudad.

Los ingleses se percataron de la estrategia española y desembarcaron decididos a tomar la ciudad, pero se toparon con un enorme alboroto. Una estampida de toros y vacas con los cuernos ardiendo, que mantenían escondidos en trincheras, dirigiéndose directamente hacia sus posiciones. A la vez que recibían fuego de artillería.

Los defensores ataron antorchas a toda cabeza de ganado que encontraron en la isla y les prendieron fuego, provocando la locura y desesperación de los animales, que fueron empujados contra las filas inglesas.

La estampida se contagió a los soldados ingleses que, desconcertados y temerosos, dieron media vuelta e intentaron huir del lugar, echándose sobre sus hermanos de armas, lo que provocó numerosos aplastamientos que se cobraron la vida de media centena de soldados británicos.

La fuerza inglesa desistió de la conquista y volvió a embarcar.

Fuentes: Fidescu y ABC

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Españoles en Escocia y el fantasma de Eilean Donan


No os dejéis engañar por el título de esta cápsula de historia, lo que voy a relatar a continuación no es la crónica de una guerra hispano-escocesa, más bien todo lo contrario.

Castillo de Eilean Donan.
En 1717, dos años después de la firma del Tratado de Utrech, en el que España perdió muchas de sus posesiones europeas (Países Bajos, Milán, Nápoles, Sicilia, Cerdeña, Gibraltar y Menorca), se inició la Guerra de la Cuádruple Alianza, un conflicto que enfrentaba a Reino Unido, Francia, el Sacro Imperio, Países Bajos y Sicilia contra España.

España quería recuperar el papel de primera potencia mundial, pero para entonces el Reino Unido poseía la armada más potente de toda Europa, así que combatirlos en mar no era lo más apropiado. El plan del cardenal Giulio Alberoni, consejero del rey español Felipe V, era el de llevar la batalla a terreno británico. De esta forma aprovecharían la guerra civil en la que estaba inmersa Gran Bretaña debido a, por un lado, la luchar por la corona de partidarios de un rey católico y los de uno protestante y, por otro, por el conflicto con independentistas escoceses.

El papel de España en esa guerra civil que azotaba al país británico era el de apoyar a los nacionalistas escoceses y a los ingleses jacobitas (partidarios del rey católico Jacobo III).

Escocia vista con Google Earth. La "x" amarilla marca
la ubicación del castillo de Eilean Donan.
Para ello se desplazó una pequeña fuerza de poco más de trescientos infantes de marina españoles al noroeste de Escocia, los cuales se apoderaron del castillo de Eilean Donan, sito en un islote del lago Duich, donde se reunieron con varios cientos de escoceses.

El objetivo de esta ocupación era doble, incitar al levantamiento a distintos clanes de la zona y desplazar al ejército británico hasta esas tierras y facilitar una invasión española al sur de Gran Bretaña.

Pero la flota española nunca llegó a suelo inglés, una tormenta la “atacó” antes de abandonar aguas nacionales, cerca de la costa gallega, e inutilizó la mayoría de los navíos. Esta armada sufrió una suerte similar a la de la Armada Invencible.

Y en cuanto a los soldados españoles la fortuna tampoco les sonrió. No lograron mucho éxito entre los clanes cercanos, desconfiados de enfrentarse a los poderosos ingleses, y mucho menos sin tener noticias antes del desembarco español en el sur. Así pues cincuenta hombres se quedaron guarneciendo el castillo y el resto, junto con entre 700 y 800 escoceses de distintos clanes, se dirigieron hacia el sur, ocupando distintas poblaciones.

Su aventura acabó en la batalla de Glen Shiel, el 10 de junio de 1719, cuando se enfrentaron a tropas inglesas. Los escoceses, mal preparados, huyeron tras varios ataques de artillería. Los españoles, solos, aguantaron hasta que comprendieron que era inútil seguir luchando.

En cuanto al castillo, varias naves inglesas ya lo habían bombardeado hasta reducirlo a un puñado de escombros. Murieron muchos de sus defensores: españoles, escoceses e ingleses (partidarios de Jacobo III Estuardo, último rey católico inglés). El resto fueron capturados y corrieron distinta suerte, los españoles encarcelados y los británicos fusilados por traición.

Castillo de Eilean Donan, rodeado por el lago Duich.

Pero hubo un soldado español que hasta el último momento se negó a abandonar el castillo, un capitán de navío que decidió perecer entre esos muros escoceses. Existe una leyenda en el lugar, confirmada por decenas de personas, que dice que el fantasma de ese soldado español se pasea por el castillo (ya reconstruido) y que gusta de gastar bromas y juguetear con sus muchos visitantes, con excepción de los turistas españoles, a los que les permite recorrer las distintas dependencias de la fortaleza sin molestia alguna. Casualmente, este último dato lo he leído en una página de una agencia de viajes que organiza escapadas a Escocia…

Además, de lo más interesante de la batalla de Glen Shiel es que ha sido la última vez en la historia que los británicos se enfrentan cuerpo a cuerpo en su territorio contra una fuerza extranjera.

Y ya sabéis, errores, dudas, aclaraciones... corregidme si me equivoco.

jueves, 22 de noviembre de 2012

La batalla de Ceriñola


La batalla de Ceriñola fue un importante choque entre españoles y franceses durante las llamadas “Guerras Italianas”, concretamente durante la “Segunda Guerra de Nápoles”.

Representación de la batalla de Ceriñola (1503).
Los franceses, mandados por Luis de Armagnac (Duque de Nemours), poseían una fuerza con proporciones bastante habituales en ellos: mucha caballería pesada, mercenarios (piqueros suizos) y bien de artillería.

Los españoles tenían bastante menos caballería y centraban su fuerza en la infantería. Al mando de todos ellos estaba Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, quien, consciente de su inferioridad en fuerzas, se apresuró en llegar con suficiente antelación a Cerignola (Nápoles). Para alcanzar raudo la ciudad ordenó que cada jinete portase a un soldado junto a él en su caballo. El propio Gran Capitán subió a un infante a su caballo, acallando de esta forma las críticas a tan extravagante orden.

El Gran Capitán.
De esta forma el ejército español llegó a Ceriñola con tiempo suficiente para preparar el terreno (ocupar la posición más alta y construcción de trincheras, fosos, empalizadas, etc) e idear una estrategia que repeliera el ataque francés

La táctica del Gran Capitán para acabar con la caballería pesada francesa fue la siguiente, que narro según acaeció aquel día, 28 de abril de 1503:

En primer lugar la caballería española cargó y se batió en retirada en poco tiempo, atrayendo a la caballería pesada francesa hasta la vanguardia, donde se dio de bruces con arcabuceros atrincherados y que comenzaron a disparar a discreción (en esta carga perdió la vida Luis de Armagnac, a cuyo cadáver el Gran Capitán ordenó rendir honores). Los jinetes franceses trataron de rodear las trincheras pero seguían recibiendo impactos españoles no solo de los arcabuces, también de la artillería que ahora les tenía a su alcance. La caballería francesa fue diezmada rápidamente y junto a ellos murió su comandante, el Duque de Nemours que recibió tres disparos. Por primera vez en la historia un grupo de infantería con arcabuces derrotó a la caballería en campo abierto, un hecho que supuso que la infantería fuese la principal fuerza de todo ejército europeo hasta principios del Siglo XX (durante cuatro siglos).

Durante la refriega, la artillería española sufrió un fuerte varapalo pues toda la pólvora explotó de forma accidental. Para que este hecho no debilitara el ánimo de sus soldados el Gran Capitán gritó "¡Ánimo!, ¡Estas son las luminarias de la victoria!, ¡En campo fortificado no necesitamos cañones!".

Figura de un arcabucero
español del Siglo XVI.
La infantería francesa atacó, mientras los arcabuceros españoles les masacraban, hasta que estuvieron demasiado cerca y Fernández de Córdoba mandó a primera línea a los lanquenetes (piqueros) alemanes, debilitando más aún a los franceses.

Para finalizar la batalla el Gran Capitán dio orden a todas sus tropas de cargar y rodear al restante del ejército galo.

Desde la primera carga de caballería hasta la rendición del restante de tropas francesas transcurrió menos de una hora. 

En una hora un enfrentamiento que se planteaba difícil para el Gran Capitán derivó en una victoria española que podríamos decir que fue una “Bicoca”, con menos de cien bajas españolas. 

Por orden de Fernández de Córdoba se hizo recuento de cadáveres franceses, que ascendía a 3.664, aunque Tristán de Acuña, quien los contó, afirmó que habría que añadir más de cien muertos más, puesto que fueron enterrados antes de ser incluidos en la suma. Además, los galos perdieron la artillería y la mayor parte de sus banderas.

lunes, 4 de junio de 2012

La defensa del Morro


El Castillo de los Tres Reyes del Morro era el nombre de la fortaleza que defendía la entrada al puerto de La Habana (Cuba), al mando de Luis Vicente de Velasco, comandante de la Armada Real Española, cuya vida da para redactar más de una cápsula de historia.

Castillo del Morro
En junio de 1762, durante la “Guerra de los siete años” (1756-1763) en la que las principales potencias se disputaban la hegemonía en América, India y Centro Europa, una armada inglesa atacó La Habana.

La flota británica estaba encabezada por casi 50 navíos y fragatas, y 150 más entre barcos de menor calado y de transporte, los cuales portaban 14.000 hombres de asalto.

Toman tierra los primeros 10.000 ingleses mientras 286 cañones de 4 buques ingleses acribillaban la costa cubana. Velasco encomienda el mando de las baterías del Castillo del Morro a Bartolomé Casas mientras él dirige los 30 cañones de la fortificaciones de Santiago, con las que hace huir en bastante mal estado a los barcos que bombardeaban el castillo, tras seis horas de combate.

Dos meses duró la batalla, tras la que La Habana cayó en manos inglesas (solo hasta el final de la guerra). Eso sí, después de que Velasco hubiera resultado herido de muerte, y no antes.

Mientras defendía una brecha abierta en las defensas del Morro, Luis Vicente de Velasco recibió un disparo en el pecho. Pero no murió en el acto, por lo que se permitió su traslado a la ciudad, donde médicos ingleses intentaron salvarle la vida, aunque sin éxito.

Don Luis Vicente Velasco
Atacantes y defensores firmaron una tregua de 24 horas para enterrar a Velasco. Pero los reconocimientos al comandante no quedaron ahí. Los ingleses erigen un monumento en honor de Velasco en la Abadía de Westminster y desde entonces hasta principios del Siglo XX siempre que un barco de la armada británica pasaba cerca de Noja (Cantabria), pueblo natal de Velasco, disparaban sus cañones en su honor.

En España se acuñaron monedas con su busto y Carlos III ordenó que siempre hubiera en la Armada un buque con su nombre (han habido 6 barcos de nombre Velasco pero, según he estado consultando, no existe hoy en día ninguno).

Esta cápsula, en la que narro hechos acaecidos en la hermosa tierra que es Cuba, va dedicada a José Ramón Morales, cubano defensor de la reincorporación de Cuba a España como comunidad autónoma y creador del blog Cuba Española, que ha fallecido recientemente a causa de un cáncer. Descanse en Paz.

lunes, 28 de mayo de 2012

Las conquistas de Ambrosio de Spínola


Ya os he hablado algo sobre Ambrosio de Spínola, este genovés que fue uno de los más conocidos generales del Siglo de Oro Español.

Quería compartir con quien me lea, una fotografía que he encontrado vía Twitter de un grabado que se encuentra en el Rijksmuseum (Museo Nacional de Ámsterdan) en la que figuran las distintas plazas tomadas por Spínola en El Palatinado (sudoeste de Alemania) en el marco de la Guerra de los Treinta Años.

Son un total de 56, entre ciudades y castillos.

(Click para ampliar)
  

martes, 10 de abril de 2012

Batalla de Roncesvalles: Primera derrota de Carlomagno

Imperio Carolingio.
Carlomagno, Rey de los francos, construyó un gran imperio que abarcaba varios países de Europa occidental, incluida la Marca Hispánica, un conjunto de condados, dependientes del Imperio Carolingio, ubicado en los Pirineos y que servía de frontera defensiva entre el territorio franco y el de la España musulmana.

En el año 777 Carlomagno forma una alianza militar con algunos líderes árabes para derrocar al emir de Córdoba, Abderramán I. Por este motivo el rey franco acudió a Zaragoza con un gran ejército, pero lo que me interesa reseñar en esta entrada no es la batalla entre francos y moros, sino la que sucedió a la vuelta de este gran ejército carolingio a territorio francés.

En agosto de 778 el ejército franco fue emboscado y recibió un duro golpe, duro y hasta entonces único. Nunca antes había ocurrido, hablamos pues de la primera derrota militar de Carlomagno.

Representación de la Batalla de Roncesvalles (Navarra).

No se conoce exactamente el lugar de la batalla, probablemente fue en Valcarlos (Navarra) próximo al desfiladero de Roncesvalles (Navarra). Tampoco se sabe a ciencia cierta la identidad de los atacantes: vascones (habitantes de Navarra y parte de Aragón, La Rioja y Guipúzcoa), árabes o ambos, aunque en la mayoría de las fuentes atribuyen el ataque a tribus vasconas.

Retrato de Carlomagno.
Sea quien fuere, se abalanzaron sobre la retaguardia del ejército franco, formada por 20.000 hombres al mando de Roldán, sobrino de Carlomagno. Aprovechando la estrechez del paso atacaron con dardos, piedras y un armamento bastante inferior al franco. Los francos fueron aniquilados, incluido su comandante Roldán. Sus armas y armaduras pesadas no les muy útiles contra unos ligeros guerreros salidos de la nada y que actuaban con rapidez y desde una posición más elevada.

Estos vascones, tras alzarse con la victoria en la batalla se hicieron con un suculento botín y desaparecieron rápidamente del lugar. Esta derrota supuso un duro golpe para el Imperio de Carlomagno, siendo uno de los episodios más recordados durante la Edad Media, y que inspiró en el siglo XII el poema más importante de la épica medieval francesa, el Cantar de Roldán.

Vascones o musulmanes, pero otro gran episodio histórico acaecido en suelo español...

Corregidme si me equivoco.

lunes, 13 de febrero de 2012

Los Almogávares y la conquista de Grecia

Escudo del Reino
de Aragón.

Los Almogávares fueron los hombres que integraron una unidad de élite entre los siglos XIII y XIV, en principio, al servicio de la Corona de Aragón, combatiendo a los musulmanes del sur de la península y a los otomanos. Y digo al principio porque con el tiempo se convirtieron en mercenarios, formando la Compañía Catalana de Oriente, fundada por Roger de Flor (caballero templario), y no faltándoles el trabajo debido a su efectividad.

Eran tropas de choque, pura infantería ligera. Combatían a pie, no usaban armaduras y empleaban armas ligeras. Su aspecto era sucio y desaliñado, por lo que hoy en día en países como Grecia y Albania la palabra “catalán” es sinónimo de feo y guarro.

Representación de un
Almogávar golpeando el
arma contra una piedra.
La imagen de estos soldados con pelo y barba larga, sucios y embrutecidos, golpeando sus armas contra piedras de fuego (que siempre solían llevar consigo) de las que saltaban chispas, y profiriendo su grito de guerra "Aur, aur... desperta ferro" (escucha, escucha... despierta el hierro) causaban pánico entre sus enemigos en los momentos previos al combate.

Los Almogàvers (nombre original, en catalán) provenían, en un principio, de los pirineos aragoneses, pero acabaron integrándose hombres de todas partes del reino y hasta de otros lugares de la península, sobre todo de clase baja. Su idioma era el catalán (aunque también empleaban el aragonés).

No voy a extenderme con las batallas en las que tomaron parte (así tengo material para muchas más cápsulas, ejem…) pero en 1310, en su faceta de mercenarios, fueron contratados por el entonces duque de Atenas Gutierre V de Brienne para luchar contra Tesalia. Los Almogávares vencieron pero no cobraron sus salarios, por lo que en 1331 lucharon contra las tropas del propio conde de Brienne en la conocida como Batalla de Cefis, en la que 3.500 almogávares (a los que habría que restar los turcos que luchaban a su lado y que huyeron antes de comenzar el combate) vencieron de forma ingeniosa a 15.000 soldados francos (que dominaban entonces el ducado griego). Los soldados aragoneses inundaron el campo de batalla utilizando las aguas del cercano río Cefis por lo que la caballería franca no pudo cargar contra ellos, quedando sepultada en el fango, permitiendo a los ligeros Almogávares eliminarlos con facilidad. Declararon soberano de Atenas y de Tebas al rey Federico II de Sicilia, integrándose en la Corona de Aragón. (El título de Duque de Atenas pertenece hoy en día al Rey de España.)

Mapa en el que figura el camino de los Almogávares.

Y como no hay nadie que cuente la historia como el Gran Reverte, aquí os expongo un artículo en el que cuenta brevemente la historia de esta terrible pero efectiva unidad militar y la famosa "venganza catalana" por el asesinato planificado de su comandante Roger de Flor:

UNA DE ALMOGÁVARES

De ese centenario se ha hablado poco, pues nadie puede hacerse fotos a su costa. Hace setecientos años justos, además de salvar el imperio bizantino del avance turco, los almogávares arrasaron Grecia. Fue un episodio sólo comparable a la conquista de América por bandas de aventureros sin nada que perder salvo el pellejo -que se cotizaba a la baja- y con todo por ganar si salían vivos. Pero en esta España donde los libros escolares no los determina la memoria, sino el pesebre donde trinca tanto sinvergüenza periférico y central, esas historias han sido eliminadas, o manipuladas en beneficio de los golfos que organizan el negocio en plazos de cuatro años: los que van de una urna a otra. El resto importa un carajo. De los almogávares, como de lo demás, no se acuerda casi nadie. Eran políticamente incorrectos.

Madrugando el siglo XIV, el emperador de Bizancio pidió ayuda para frenar el avance de los turcos, y la corona de Aragón envió sus temibles Compañías Catalanas. Lo hizo para quitárselas de encima. Estaban integradas por almogávares: mercenarios endurecidos en las guerras de la Reconquista y en el sur de Italia. Sus oficiales, de mayoría catalana, eran también aragoneses, navarros, valencianos y mallorquines. En cuanto a la tropa, el núcleo principal procedía de las montañas de Aragón y Cataluña; pero las relaciones mencionan apellidos de Granada, Navarra, Asturias y Galicia. Feroces y rápidos, armados con equipo ligero, combatían a pie en orden abierto, con extrema crueldad, y entraban en combate bajo la señera cuatribarrada de Aragón. Sus gritos de guerra eran Aragón, Aragón, y el terrible, legendario, Desperta, ferro.

Dibujo en el que podemos distinguir las armas
ligeras usadas por los Almogávares.
La historia es larga, tremenda, difícil de resumir. Seis mil quinientos almogávares recién desembarcados en Grecia destrozaron a fuerzas turcas muy superiores, matando en la primera batalla a trece mil enemigos, sin dejar con vida -eran tiempos ajenos al talante, al buen rollito y al diálogo entre civilizaciones- a ningún varón mayor de diez años. En la segunda vuelta, de veinte mil turcos sólo escaparon mil quinientos. Y, tras escaramuzas menores, en una tercera escabechina los almogávares se cepillaron a dieciocho mil más. Eran letales como guadañas. Además, entre batalla y batalla -españoles a fin de cuentas- pasaban el rato apuñalándose entre sí por disputas internas, o despachando a terceros en plan chulito, como los tres mil genoveses a los que por un quítame allá esas pajas acuchillaron en Constantinopla, durante una especie de botellón que terminó como el rosario de la aurora.

A esas alturas, claro, el emperador Andrónico II se preguntaba, con los huevos por corbata, si había hecho bien contratando a semejantes bestias. Así que su hijo Miguel invitó a cenar a Roger de Flor, que era el jefe, y a los postres hizo que mercenarios alanos los degollaran a él y a un centenar largo de oficiales. Fue el 4 de abril de 1305. Después de aquello los griegos creyeron que la tropa almogávar, sin jefes, pediría cuartel. Pero eso era desconocer al personal. Cuando apareció el inmenso ejército bizantino para someterlos, aquellos matarifes oyeron misa y comulgaron. Luego gritaron: Desperta ferro, Aragón, Aragón, y se lanzaron contra el enemigo, pasándose por la piedra a veintiséis mil bizantinos en un abrir y cerrar de ojos. Lo cuenta Ramón Muntaner, que estuvo allí: no se alzaba mano para herir que no diera en carne.

No quedó sólo en eso. Enterados los almogávares de que nueve mil mercenarios alanos -los que aliñaron a Roger de Flor- volvían a su tierra licenciados y con familia, les salieron al paso, hicieron picadillo a ocho mil setecientos y se quedaron con sus mujeres. Después, durante una larga temporada y pese a estar rodeados de enemigos, se pasearon por Grecia saqueando y arrasando, por la patilla, cuanto se les puso por delante. Fue la famosa venganza catalana. Y cuando no quedó nada por robar o quemar, fundaron los ducados de Atenas y Neopatría: estados catalano-aragoneses leales al rey de Aragón, que aguantaron durante tres generaciones hasta que con el tiempo, el sedentarismo y el confort, se fueron amariconando -hijo caballero, nieto pordiosero- y quedaron engullidos, como el resto de Grecia, por la creciente marea turca que había de culminar con la caída de Constantinopla.

Y ésa, colorín colorado, es la historia de los almogávares. Admitan que es una buena historia. Vive Dios. 


viernes, 3 de febrero de 2012

Alhucemas: El primer desembarco moderno de la historia

Ya hemos visto en esta bitácora cual fue el segundo mayor desembarco de tropas de la historia, y hoy os traigo el primer desembarco aeronaval de la historia, el desembarco de Alhucemas.

Imagen del desembarco de Alhucemas.
Fue la primera vez en la historia mundial que fuerzas navales, terrestres y aéreas actuaron bajo un mismo mando, el del General Miguel Primo de Rivera. También se utilizaron por primera vez carros de combate en un desembarco. Sucedió el 8 de septiembre de 1925, en el marco de la Guerra del Rif.

En la operación colaboró, ligeramente, Francia, afectada también por las rebeliones rifeñas, aportando algunas embarcaciones y una escuadrilla de bombarderos.

Abd el-Krim, líder
de los insurrectos.
Tras preparar el terreno con la artillería de los buques y aviones españoles (que volaban tan bajo que recibieron numerosos impactos de bala) comenzó el desembarco de tropas terrestres en las playas de la Cebadilla y de Ixdain, pero con problemas. Los hombres que desembarcaron en la Cebadilla tuvieron que hacer frente a una playa plagada de minas y quienes lo hicieron en la playa de Ixdain tuvieron serios problemas puesto que las corrientes y la incesante actividad de la artillería enemiga les impedía llegar a tierra, pero los legionarios que llenaban las barcazas, al mando del entonces coronel Francisco Franco, saltaron y, con el agua cubriéndoles casi por completo, completaron la distancia hasta la costa.

Al cabo de dos oleadas 9.000 soldados españoles tomaron Alhucemas. Al terminar el día se desplegaron en la zona un total de 13.000 hombres.

Esta batalla supuso el final de la Guerra del Rif (o Guerra de Marruecos), después de más de 15 años de conflicto.

FT-17 del Ejército Español, modelo que participó en el desembarco.

El general estadounidense Eisenhower se basó en el desembarco español de Alhucemas para planear el de Normandía (El más grande de la historia, delante del de Cartagena de Indias) durante la Segunda Guerra Mundial.

jueves, 26 de enero de 2012

Los Últimos de Filipinas

Bandera de Filipinas.

En 1898 estalló la Guerra Hispano-Estadounidense, que comenzó en Cuba y se extendió  a Filipinas. Vamos a centrarnos en éste país asiático, donde sucedió una de esas hazañas que serían conocidas en el mundo entero de no ser porque sus protagonistas eran españoles.

Baler es una ciudad al norte de Filipinas, en ella existía un destacamento de poco más de 50 soldados españoles que hicieron frente a una fuerza de, aproximadamente, 800 rebeldes filipinos. Todo comenzó el 30 de junio de 1898 y duró casi un año. Para el que no le salgan las cuentas decirle que sí, los españoles siguieron combatiendo incluso después del tratado de paz con EE.UU.

Los soldados españoles, conocedores de la robustez de sus muros, se refugiaron en la iglesia del pueblo, acondicionando el lugar para resistir el asedio: construcción de trincheras, letrinas y hasta un pozo de agua potable.

En diciembre de ese mismo año, cuando el Sitio de Baler ya se había alargado durante más de cinco meses, se firmó el Tratado de París, que ponía fin a la guerra y reconocía la soberanía de Estados Unidos sobre Puerto Rico, Guam y Filipinas. Los rebeldes mandaron prisioneros españoles a la iglesia para comunicar a los defensores el final de la guerra, pero no terminaron de creerse la noticia y se negaron a deponer las armas.

Pintura de la iglesia de Baler.
Continuaron llegando noticias desde el exterior pero los españoles se negaban a creer que en España se ponía el sol.

Se hicieron algunas incursiones para eliminar posiciones filipinas, incluida la quema del cuartel de la Guardia Civil, desde el cual eran fuertemente hostigados por los insurrectos. La acción más destacada de entre las pocas que se realizaron fuera de la iglesia fue la llamada “expedición al otro mundo”, en la que 15 soldados atacaron el poblado, haciendo huir a los filipinos, y lograron incendiar todos los edificios, ya que los sitiadores se refugiaban y atacaban desde ellos.

Desde la firma del Tratado de París, el rescate de los españoles asediados en Baler corría a cargo de Estados Unidos que era ya el propietario de las islas. Los americanos mandaron a una unidad de marines con el teniente Gilmore al mando, pero fracasaron, cayeron en una emboscada filipina. Varios marines murieron y el resto, incluido Gilmore, fueron apresados.

Fotografía del Capitán Las Morenas,
que mandó a los sitiados de Baler hasta
su muerte por beri-beri.
La última persona que se presentó en la iglesia para informar a los defensores de la situación y exigir su rendición fue el teniente coronel del ejército español Aguilar Castañeda que, inicialmente, no logró su objetivo, pero gracias a unos periódicos que traía con él y que dejó a los sitiados, logró la capitulación. Los defensores españoles, después de leer varios artículos de los periódicos, comprobaron que el final de la guerra era cierto y aceptaron rendirse, no sin antes hacer llegar a los filipinos el siguiente comunicado:

"Capitulamos porque no tenemos víveres, pero deseamos hacerlo honrosamente. Deseamos no quedar prisioneros de guerra y que ustedes admitan otras condiciones que expondremos, de las que levantaremos acta. Si se han de portar con nosotros de mala manera han de decirlo porque en este caso no nos rendiremos. Pelearemos hasta morir y moriremos matando".

El dos de junio de 1899 los soldados españoles salían en formación, a través de un pasillo formado por soldados filipinos en posición de firmes.

Emilio Aguinaldo, presidente de la República de Filipinas comunicó:

“Habiéndose hecho acreedoras de la admiración del mundo las fuerzas españolas que guarnecían el destacamento de Baler, por el valor, la constancia y heroísmo con que aquel puñado de hombres aislados y sin esperanza de auxilio alguno, han defendido su bandera por espacio de un año, realizando una epopeya tan gloriosa y tan propia del legendario valor de los hijos del Cid y de Pelayo; rindiendo culto a las virtudes militares e interpretando los sentimientos del ejército de esta República, que bizarramente les ha combatido, a propuesta de mi Secretario de Guerra y de acuerdo con mi Consejo de Gobierno.

Vengo en disponer lo siguiente:

Artículo único. Los individuos de que se componen las expresadas fuerzas no serán considerados como prisioneros, sino por el contrario, como amigos; y en su consecuencia, se les proveerá, por la Capitanía General, de los pases necesarios para que puedan regresar a su país.”


Casi un año de asedio, sin apenas víveres y en clara minoría, sobrevivieron 33 españoles. Sufrieron 17 bajas, la mayoría por beri-beri y disentería y tan solo 2 por fuego enemigo. Tal y como prometieron los filipinos, los soldados españoles no fueron hechos prisioneros y se facilitó su repatriación.

Más tarde, durante la guerra que pronto surgió entre Filipinas y EE.UU, los americanos vivieron una situación similar en Baler, refugiándose también en la iglesia, y aguantando solo unas semanas hasta que tuvieron que rendirse.

Fotografía de los Últimos de Filipinas supervivientes,
realizada en septiembre de 1899.

Y para terminar os recomiendo la página El desastre del 98, una de las fuentes de las que he bebido.

Y corregidme si me equivoco.

lunes, 9 de enero de 2012

La batalla de Wad-Ras y los leones del Congreso

Uno de los leones que preside la entrada al
Congreso de los Diputados.
La Primera Guerra de África (1859-1860) fue un conflicto bélico que enfrentó a España y al Sultanato de Marruecos, iniciado por los continuos ataques a Ceuta por parte de bandas rifeñas.

Una de las batallas decisivas en dicha campaña sucedió el 23 de marzo de 1860, cuando la fuerza española al mando de los generales Rafael Echagüe, Antonio Ros de Olano y Juan Prim se enfrentaron a tropas marroquíes en el valle de Wad-Ras (también llamado Vad-Ras o Gualdrás), que da nombre a la batalla.

Los batallones de Cazadores de Cataluña y Madrid atacaron y se hicieron con el puente sobre el río Bu-Seja, cuerpo a cuerpo, a la bayoneta. Un gran número de tropas marroquíes atacaron el puente en un primer intento de recuperarlo pero los cazadores españoles los rechazaron. Los Voluntarios Catalanes fueron enviados como refuerzo de los diezmados cazadores, que no podrían resistir otra acometida. 

Tras la batalla, un soldado catalán dijo a un periodista que le preguntó si habían sufrido muchas bajas: "Quedamos los suficientes para otra vez, señor. El día de la toma del campo perdimos un tercio de los efectivos; hoy ha caido el segundo tercio; antes de llegar a Tánger daremos otra batalla y moriremos el resto."

Acabado el combate, con victoria española, y antes de que las tropas pudieran iniciar su camino con destino a Tánger, apareció un emisario magrebí solicitando conversaciones de paz.

Batalla de Wad-Ras, cuadro de Mariano Fortuny.

Pero lo que me lleva a describir brevemente la batalla no es que España acabara alzándose con la victoria, (que también) sino que gracias a este triunfo el Congreso de los Diputados, en Madrid, tiene dos leones guardianes…

Me explico, España llevaba años detrás de adecentar la entrada del Congreso, ya que desde su inauguración en 1850 se habían colocado dos farolas muy criticadas por los parlamentarios. Las farolas fueron sustituidas en 1851 por dos leones de yeso (no pudieron usar un material más rudo debido a la delicada situación económica de España por entonces), diseñados por el escultor de moda Ponciano Ponzano, pero que se deterioraron en menos de un año. Para acallar las críticas de la prensa se sustituyeron por dos leones en piedra, realizados por José Bellver, aunque fue peor el remedio que la enfermedad ya que parecían de todo menos leones, además de ser de un tamaño demasiado pequeño.

Así que, tras la victoria española en Wad-Ras, los cañones capturados a las tropas magrebíes fueron fundidos (en 1865, en Sevilla) y utilizados por Ponciano para crear unos leones dignos del Congreso de los Diputados de España, que perduran a día de hoy.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

El final de las “Guerras Italianas”

Batalla de Gravelinas. Continuación de la cápsula “Se montó la de San Quintín”.

Batalla de Gravelinas.
Ya os hablé la semana pasada de la batalla de San Quintín, en la que los franceses salieron bien escaldados, pero se ve que para Enrique II de Francia no fue suficiente. Preparó un ejército de aproximadamente 14.000 soldados que puso al mando del Duque de Thermes.

Con este nuevo ejército invadió el Flandes español. Un ejército español les interceptó el 13 de julio de 1558 en la ciudad de Gravelinas (ciudad del noreste de Francia, hoy en día). Thermes pensó que la fuerza española era una pequeña avanzadilla puesto que era imposible que el grueso del ejército español se presentara con tanta rapidez, así que mandó atacar. Pero no era una avanzadilla, era el ejército que iba a plantarles cara, y lo comandaba el Conde de Egmont (primo del rey español). Los españoles eran superiores en número, por poco, unos 4.000 hombres más.

Tercios españoles en formación de combate.

Comienza la batalla con las cargas de las distintas caballerías hasta que la pólvora cobra protagonismo, los arcabuceros españoles disparan sin piedad, primero sobre la caballería francesa y después sobre la infantería. No tienen rival. Egmont, al frente de la caballería española, manda cargar mientras una flota anglo-hispana (el Duque de Guisa conquistó Calais a Inglaterra) les apoya desde la costa, descargando su artillería sobre la retaguardia francesa.

El resultado de la batalla fue un nuevo “San Quintín”, las tropas de Enrique II huyeron del Flandes español, dejando en el campo de batalla 12.500 hombres, incluido su comandante, Thermes, que fue apresado, y por el que Francia tuvo que pagar un rescate. Solo 1.500 franceses lograron escapar. Sus banderas y artillería fueron capturadas.

Grabado representativo de la Paz de Cateau-Cambrésis.
Las bajas españolas ascienden a 300, algo casi habitual en esa época, donde la infantería española, con los tercios a la cabeza, era temida en todo el mundo.

Con esta batalla Felipe II ponía fin a las “Guerras de Italia”, firmando en 1559 la Paz de Cateau-Cambrésis junto a Francia e Inglaterra.

Con motivo de la paz firmada, se celebraron distintos festejos. Uno de ellos era un duelo en el que participó el propio rey francés, enfrentándose a un capitán de su guardia. El soldado francés atravesó el ojo del rey con una lanza, herida que le causó la muerte.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Se montó la de San Quintín

Bonita frase pero… ¿sabes de donde procede?

Mapa de 1557. En amarillo los territorios españoles en Europa.
Para conocer su origen debemos retroceder hasta mediados del Siglo XVI, a San Quintín (en francés Saint-Quentin), ciudad situada en el noreste de Francia, cercana a lo que un día fueron los Países Bajos españoles. En esta ciudad se produjo una gran batalla entre Francia y España, en la que los franceses fueron, prácticamente, masacrados.

En 1556 las tropas de Enrique II, rey de Francia, atacaron Nápoles y el Milanesado, bajo soberanía española, en su ansia por hacerse con las pertenencias españolas en Italia. Algo que Francia intentaba (sin éxito) desde hacía décadas, y que he mencionado en más de una entrada en el blog (La batalla de Bicocca y La Liga de Cognac). Los franceses fueron despachados de Italia por el III Duque de Alba y su ejército.

Manuel Filiberto, Duque
de Saboya.
En cuanto la noticia de ofensiva francesa llegó a oídos del entonces rey de España, Felipe II, ordenó invadir Francia. Las fuerzas españolas, apoyadas por flamencos, alemanes, borgoñeses e ingleses (Felipe II solicitó apoyo militar a su segunda esposa, María Tudor o María I de Inglaterra) contaban con entre 40.000 y 60.000 hombres. Se adentraron en territorio francés y realizaron una maniobra de distracción, plan ideado por su comandante, Manuel de Filiberto, Duque de Saboya, que consistía en atacar las ciudades francesas de La Champaña y Guisa. El grueso del ejército francés se dirigió entonces a las ciudades asediadas por los españoles, creyendo que toda la fuerza hispana se concentraría allí.

El 2 de agosto de 1557, el ejército de Felipe II se dirigió entonces a San Quintín, que no contaba con hombres suficientes para aguantar la embestida española. Los refuerzos galos no tardaron en llegar, más de 35.000 hombres al mando de Anne de Montmorency.

El 10 de agosto Montmorency intentó tomar la ciudad, pero no ideó una buena estrategia, intentó acorralar al  ejército imperial sin éxito. Los arcabuceros españoles crearon el pánico entre el enemigo, no dejaban de disparar, con tanta dureza que los 5.000 mercenarios alemanes al servicio de Francia se rindieron. Los galos se vieron sobrepasados, eran inferiores en número y no estaban bien situados en el campo de batalla, caían como moscas y no lograban hacer nada para remediarlo. El propio Montmorency fue capturado por un soldado español, de nombre Sedano (no es la primera vez que hablo aquí de un soldado que captura a alguien “importante”).

Las bajas francesas ascendieron a 25.000, entre muertos, prisioneros y heridos; toda su artillería y 50 banderas fueron capturadas. Las bajas españolas no llegan a 300, casi cien veces menos.

Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.
Para conmemorar la victoria Felipe II mandó construir el monasterio de San Lorenzo de El Escorial, ya que el 10 de agosto, día de la batalla, es festividad de San Lorenzo.

Una curiosidad muy curiosa es que hoy día las ciudades de San Lorenzo de El Escorial (España) y Saint-Quentin (Francia) están hermanadas, no tienen guasa…

Continuará…

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