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jueves, 10 de septiembre de 2015

Minicápsulas: La Venecia americana

Palafitos comunicados por un puente (Venezuela).
Cuando la expedición de Alonso de Ojeda, Juan de la Cosa y Américo Vespucio llegó a la costa venezolana, en 1499, observaron una serie de palafitos en el lago de Maracaibo. Los indígenas se trasladaban a través de puentes de madera y canoas, y todo el conjunto recordó Vespucio a Venecia. Por ello, bautizaron esa tierra como Venezuela, la pequeña Venecia.

Los palafitos son cabañas de madera situadas en lagos y ríos de aguas tranquilas, y elevadas mediante pilares.

martes, 22 de julio de 2014

Barcelonas por el mundo

El pasado mes de junio escuché la intervención de Javier Sanz en "La rosa de los vientos", en la que contaba la fundación de Nueva Barcelona. Unas semanas más tarde vi un programa en televisión (Españoles por el mundo, creo) sobre la Barceloneta (Cerdeña), y me ha dado por rebuscar cuántas Barcelonas hay por el mundo:

Plano de Nueva Barcelona (Serbia).
Nueva Barcelona (Zrejanin, Serbia): Fundada por catalanes que huyeron de la península tras la caída de Barcelona en 1714, por temor a represalias tras la conquista de los Borbones durante la Guerra de Sucesión. Vagaron por Europa, emigrando en varias ocasiones, hasta que el Sacro Imperio Romano Germánico decidió enviar a unos mil catalanes a un territorio recién conquistado al Imperio Otomano en lo que hoy es Serbia. Allí fundaron Nueva Barcelona en 1735, aunque en 1737 los otomanos volvieron a ocupar la zona y provocaron la peste entre la población, cuyos supervivientes abandonaron definitivamente la ciudad. Hoy en día lo único que queda de esa Nueva Barcelona son las moreras que se plantaron para alimentar a los gusanos de sus fábricas de seda.

Barcelona (Aruba): En el Caribe, próximo a la costa Venezolana, se encuentra Aruba, País Autónomo dependiente de Holanda. Aruba fue colonizado por españoles en 1499, y en 1636 pasó a manos holandesas.

Barcelona (Filipinas): Los españoles le pusieron ese nombre debido a la vista panorámica costera que ofrecía.

Nueva Barcelona del Cerro Santo (Venezuela): Fundada en 1634, por el conquistador Joan Orpí, residente en Barcelona (España), de ahí el nombre. Fue refundada en 1671 dos kilómetros más al sur de su primera ubicación. Pertenecía a la Gobernación de Nueva Andalucía.

Escudo de Barcelona (Brasil).
Barcelona (Brasil): Se encuentra en el estado de Río Grande del Norte. Su nombre es bastante actual (1929) pues el primer nombre por el que la ciudad fue conocida fue el de Salgado, en 1864. Aunque su nombre no proviene de nuestra Barcelona, sino de un seringal del Amazonas en el que había trabajado su fundador.

Barceloneta (Cerdeña, Italia): Su nombre oficial es Alguer, pero los catalano hablantes se refieren a ella como Barçaruneta. Fue fundada por los genoveses en el siglo X. En 1353 Aragón venció a una flota genovesa y conquistó la ciudad, introduciéndose el catalán en la isla. Aunque hay organismos que lo fomentan, el alguerés (variante del catalán con influencia del italiano y el sardo) está en franca decadencia. Ya en manos del Reino de España se introdujo el castellano en la zona. En Alguer se celebra la Semana Santa procedente de la tradición aragonesa del siglo XVI.


Barcelona (Inglaterra, Reino Unido): Sita en el condado de Cornualles, sudoeste de Gran Bretaña. El campo de fútbol del equipo local se llama "The new camp", en honor al "Camp Nou", estadio del F.C. Barcelona.

miércoles, 30 de abril de 2014

¿Dónde nació Colón?

Existen dos teorías mayoritarias sobre el origen de este gran navegante que pasó a la historia por descubrir el Nuevo Mundo, que no recibiría su nombre por cierto.

Monumento a Colón en Manhattan.
Una de esas teorías afirma que nació en Génova. La segunda apunta a su origen catalán, apoyándose, entre otras pistas, en los giros lingüísticos, propios del catalán, que aparecen en sus escritos en castellano, como así lo afirma el historiador peruano Luis Ulloa.

Hernando Colón, hijo del descubridor, se encargó de que el misterio sobre el origen de su padre permaneciera como tal, afirmando, en el libro "Historia del Almirante Don Cristóbal Colón", que su padre quería mantener oculto su origen:

"algunos, que en cierta manera piensan oscurecer su fama, dicen que fue de Nervi; otros, que de Cugureo, y otros de Buyasco, que todos son lugares pequeños, cerca de la ciudad de Génova [...] y otros, que quieren engrandecerle más, dicen que era de Savona, y otros que genovés; y aún, los que más le suben a la cumbre, le hacen de Plasencia,[...]"

La Plasencia que menciona no es otra que la ciudad extremeña de la provincia de Cáceres, otra de las localidades que afirman ser la cuna de Colón.

De la hipótesis aragonesa surgen ramificaciones que ubican a Cristobal Colón en distintas poblaciones baleares entre Ibiza y Mallorca. Una de ellas Dalt Vila, donde residía una familia de nombre "Colom".

Decenas de historiadores aportan pruebas de que Colón es de lugares tan distintos como Sevilla, Guadalajara, Galicia o Portugal (hay historiadores que apuntan que los giros lingüísticos de sus escritos en castellano provienen del gallego o el portugués, y no del catalán). Pero también encontramos la ciudad natal del almirante en Inglatera, Córcega, Noruega, Grecia, Suiza (existe aún una familia "Colomb" en Ginebra) o Croacia. Así que, periódicamente, aparecen noticias o estudios que confirman o cambian la nacionalidad de Cristóbal Colón, incluso una investigación policial que demuestra su origen catalán.

Hace mucho tiempo me hice con una biografía de Colón (que no tengo a mano ahora mismo, desgraciadamente) en la que decía algo así como que él mismo se nominó como extranjero en Aragón, pero que la explicación puede llevarnos al posible origen judío del almirante, pero sefardí (judío español). Esta tesis también es apoyada por diversos historiadores, algunos ubican al Colón judío en Extremadura.

Y ahora que ya te has leído este artículo, te aviso que aquí no vas a encontrar la respuesta a la pregunta que lo encabeza, porque como ya te digo: no se sabe con certeza. Parece que es uno de esos misterios que seguirán permaneciendo como tal, y más aún si los historiadores no se ponen de acuerdo.

Pero, ¿qué más da? o eso pienso yo, que no me decido entre pensar si Colón sería del Barça o del Génova FC. Si mañana Colón se levanta de su tumba (otro asunto que da para escribir bastante) y nos dice que nació en Lisboa, ¿se retiraría su estatua de la Plaza del Portal de la Paz de Barcelona? Pues espero que no.

jueves, 22 de noviembre de 2012

La batalla de Ceriñola


La batalla de Ceriñola fue un importante choque entre españoles y franceses durante las llamadas “Guerras Italianas”, concretamente durante la “Segunda Guerra de Nápoles”.

Representación de la batalla de Ceriñola (1503).
Los franceses, mandados por Luis de Armagnac (Duque de Nemours), poseían una fuerza con proporciones bastante habituales en ellos: mucha caballería pesada, mercenarios (piqueros suizos) y bien de artillería.

Los españoles tenían bastante menos caballería y centraban su fuerza en la infantería. Al mando de todos ellos estaba Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, quien, consciente de su inferioridad en fuerzas, se apresuró en llegar con suficiente antelación a Cerignola (Nápoles). Para alcanzar raudo la ciudad ordenó que cada jinete portase a un soldado junto a él en su caballo. El propio Gran Capitán subió a un infante a su caballo, acallando de esta forma las críticas a tan extravagante orden.

El Gran Capitán.
De esta forma el ejército español llegó a Ceriñola con tiempo suficiente para preparar el terreno (ocupar la posición más alta y construcción de trincheras, fosos, empalizadas, etc) e idear una estrategia que repeliera el ataque francés

La táctica del Gran Capitán para acabar con la caballería pesada francesa fue la siguiente, que narro según acaeció aquel día, 28 de abril de 1503:

En primer lugar la caballería española cargó y se batió en retirada en poco tiempo, atrayendo a la caballería pesada francesa hasta la vanguardia, donde se dio de bruces con arcabuceros atrincherados y que comenzaron a disparar a discreción (en esta carga perdió la vida Luis de Armagnac, a cuyo cadáver el Gran Capitán ordenó rendir honores). Los jinetes franceses trataron de rodear las trincheras pero seguían recibiendo impactos españoles no solo de los arcabuces, también de la artillería que ahora les tenía a su alcance. La caballería francesa fue diezmada rápidamente y junto a ellos murió su comandante, el Duque de Nemours que recibió tres disparos. Por primera vez en la historia un grupo de infantería con arcabuces derrotó a la caballería en campo abierto, un hecho que supuso que la infantería fuese la principal fuerza de todo ejército europeo hasta principios del Siglo XX (durante cuatro siglos).

Durante la refriega, la artillería española sufrió un fuerte varapalo pues toda la pólvora explotó de forma accidental. Para que este hecho no debilitara el ánimo de sus soldados el Gran Capitán gritó "¡Ánimo!, ¡Estas son las luminarias de la victoria!, ¡En campo fortificado no necesitamos cañones!".

Figura de un arcabucero
español del Siglo XVI.
La infantería francesa atacó, mientras los arcabuceros españoles les masacraban, hasta que estuvieron demasiado cerca y Fernández de Córdoba mandó a primera línea a los lanquenetes (piqueros) alemanes, debilitando más aún a los franceses.

Para finalizar la batalla el Gran Capitán dio orden a todas sus tropas de cargar y rodear al restante del ejército galo.

Desde la primera carga de caballería hasta la rendición del restante de tropas francesas transcurrió menos de una hora. 

En una hora un enfrentamiento que se planteaba difícil para el Gran Capitán derivó en una victoria española que podríamos decir que fue una “Bicoca”, con menos de cien bajas españolas. 

Por orden de Fernández de Córdoba se hizo recuento de cadáveres franceses, que ascendía a 3.664, aunque Tristán de Acuña, quien los contó, afirmó que habría que añadir más de cien muertos más, puesto que fueron enterrados antes de ser incluidos en la suma. Además, los galos perdieron la artillería y la mayor parte de sus banderas.

lunes, 12 de noviembre de 2012

El cadáver del general francés que los españoles llevaron a hombros

"El Gran Capitán recorriendo el campo de la Batalla
de Ceriñola" (1835).

Durante la Batalla de Ceriñola (Nápoles) de 1503, donde españoles y franceses se batieron por un pedazo de Italia resultó muerto el comandante galo Luis de Armagnac (Duque de Nemours) que encabezaba la  carga de la caballería pesada francesa.

Cuando Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, al mando de las fuerzas españolas, descubrió el cadáver del general francés, se arrodilló y rezó por su alma. Ordenó que fuese llevado a hombros por los capitanes españoles y escoltado por cien lanceros y los clérigos y frailes de la zona hasta la iglesia del campamento español. Fue enterrado y honrado como si de un general español se tratara, un funeral costeado por el propio Gran Capitán.

Al llegar a oídos del rey francés, Luis XII, los hechos acaecidos tras la victoria española en Ceriñola, escribió una carta al Gran Capitán que decía lo siguiente:

“No tengo por afrenta ser vencido por El Gran Capitán de España, porque merece que le de Dios aún lo que no fuese suyo, porque nunca se ha visto y oído capitán a quien la victoria haga más humilde y piadoso”.
“Los dos Caudillos” (1866), donde tras la batalla,
el Gran Capitán, contempla con tristeza el cadáver
de su enemigo, el duque de Nemours.

Los reyes de España, los Reyes Católicos, también felicitaron a Fernández de Córdoba no solo por su victoria, sino por el trato ofrecido al enemigo vencido. En concreto las palabras de la reina Isabel de Castilla a propósito del entierro del Duque de Nemours fueron: “Que con poco había hecho mucho”.

Otra gran acción de este militar español que hace honor a su apodo.

Fuente: Asociación Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba

Y por cierto, para los que no conozcan los detalles de la batalla de Ceriñola os aviso que tengo una cápsula preparada sobre la misma y no creo que tarde mucho en publicarla.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Un duelo con dos perdedores


Estatua de Carlos I de Nápoles
 y Sicilia (Carlos de Anjou).

La historia de tan inverosímil duelo nos lleva al año 1282, cuando los sicilianos se rebelaron contra el hasta entonces su rey, el francés Carlos de Anjou, y ofrecieron la Corona de Sicilia (que comprendía no solo la isla de Sicilia, sino también Nápoles) al monarca aragonés Pedro III.

Arrancó entonces una guerra entre ambos soberanos. Una guerra que nos ha dejado una de esas curiosas historias que gusta comentar. Ambos reyes deseaban acabar lo antes posible con esa guerra así que acordaron que el soberano de Sicilia sería quien saliera vencedor de un duelo. Así de primeras fueron muy valientes, pero debieron pensárselo mejor, porque durante las negociaciones para acordar los detalles de la lucha sustituyeron el combate entre reyes por una batalla entre doscientos caballeros, cien por cada facción. Así pues, los caballeros que salieran vencedores darían el reino siciliano a su señor, Carlos de Anjou, o Pedro de Aragón.

Retrato de Pedro III de Aragón.
El día fijado para el lance fue el 1 de junio de 1283 en Burdeos, territorio inglés por entonces. Pero como no se había fijado una hora, cada rey acudió en momentos distintos del día, Pedro de Aragón por la mañana, y Carlos de Anjou por la tarde, sin coincidir, por lo que ambos se consideraron vencedores y acusaron al contrario de cobarde por no presentarse al encuentro.

Como era de esperar, este, en principio, tan determinante duelo no decidió nada ni cambió el curso de la guerra.

Finalmente la guerra acabó mucho más tarde, en 1302, con la firma de la Paz de Caltabellota, en la que se hacía constar la división del reino en dos: Sicilia, que pasaría a manos aragonesas, aunque como reino independiente, y Nápoles, cuya soberanía volvería a la casa Anjou.

lunes, 5 de marzo de 2012

El Gran Capitán

Retrato de Gonzalo
Fernández de Córdoba. 
Don Gonzalo Fernández de Córdoba fue un militar español que desde los doce años estuvo al servicio de la corona.

Participó en la Guerra de Granada donde se destacó en batallas como el sitio de Tájara o la toma de Íllora. Debido a su amistad con el rey moro de Granada Boabdil fue elegido para negociar la rendición de la ciudad.

Debido a la ocupación francesa de Nápoles (Guerra italiana de 1494-1498) se le encomendó el mando de los ejércitos que se disponían a marchar a Italia. Partió del levante español con una flota de 60 navíos en los que embarcaron 6.000 soldados de infantería y 700 de caballería. Tras tres años de lucha Gonzalo Fernández de Córdoba consigue derrotar a los franceses, recibiendo el apodo de El Gran Capitán debido a sus dotes estrategas.

También combatió “al turco”. España le comisionó para dirigir una fuerza de 8.000 hombres (más otros 2.000 que se le unirían en Mesina, Italia) que debía ayudar a Venecia con la ocupación turca del Peloponeso (actualmente en Grecia).

Cuadro del final de la Batalla de Ceriñola,
 por Federico de Madrazo.
El segundo viaje a Italia de El Gran Capitán fue provocado por la Guerra de Nápoles de 1501-1504. Durante este conflicto Córdoba encabezó al ejército español, logrando grandes victorias como la de la batalla de Ceriñola (Cerignola en italiano), que derrotó a los franceses en una hora y en la cual los arcabuceros españoles dispararon hasta en 4.000 ocasiones, y la batalla del Garellano (río Garigliano). No me extiendo demasiado que estas batallas bien se merecen su propia cápsula.

Terminada la guerra El Gran Capitán ejerció como virrey de Nápoles.

Mapa del s. XVI, con las posesiones
aragonesas en naranja y las batallas
importantes reseñadas.
Otro hecho importante por el que es un gran personaje de la historia militar española es porque revolucionó las técnicas militares del ejército, introduciendo varias reorganizaciones. Modificaciones como la creación de las coronelías (unidad que incorporaba cuatro compañías, lo que la hacía más poderosa pero igual de rápida, y que más tarde “evolucionaría” en los Tercios), el doblar la proporción de arcabuceros (uno por cada cinco infantes) y dotó de espadas cortas y lanzas arrojadizas a dos de cada cinco soldados para que pudieran escabullirse entre las largas picas de mercenarios esguízaros suizos y lansquenetes alemanes y poder herirles mortalmente en el vientre.

Y algo más tuvo que influir a los soldados porque los franceses que lucharon contra aquellos españoles afirmaron que “no habían combatido con hombres sino con diablos”.

Tras la muerte de Isabel I de Castilla, Fernando el Católico comenzó a sospechar de que El Gran Capitán pudiera liderar una posible rebelión independentista en Nápoles, por lo que le apartó del gobierno.

Don Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, murió en Loja (Granada) el 2 de diciembre de 1515.

Y corregidme si me equivoco.

martes, 27 de diciembre de 2011

Miguel de Cervantes Saavedra

Retrato de Miguel de Cervantes.

Miguel de Cervantes Saavedra nació probablemente en Alcalá de Henares (Madrid) entre el 29 de septiembre y el 9 de octubre de 1547.

A lo largo de su agitada vida estuvo encarcelado en España y sufrió un cautiverio en tierras otomanas. Vivió la gloria de “Lepanto” y el fracaso de la “Armada Invencible”. Vivió, escribió, luchó y padeció. Residió en Alcalá, Valladolid, Madrid, Esquivías (La Mancha) e Italia.

En 1569 el rey Felipe II manda arrestar a un tal Miguel de Cervantes por herir en un duelo a Antonio Sigura. Si el Cervantes que aparece en la orden del rey español es “nuestro” Cervantes eso explicaría su partida a tierras italianas, a la Italia española. Ya en Italia, y tras otros menesteres, se alistó como soldado en los gloriosos Tercios españoles. Hecho que le llevó a participar el 7 de octubre de 1571 en la batalla de Lepanto donde luchó con valentía y en la que fue herido hasta tres veces, una de estas heridas le inutilizó la mano izquierda, por lo que le apodaron como “el manco de Lepanto”.

Su vida militar no acabó ahí, tras varios meses recuperándose de sus heridas la retomó, volviendo a combatir a los otomanos en Corfú (Grecia).

El 20 de septiembre de 1575 Cervantes y su familia partieron de Nápoles, con rumbo a España pero, debido a una tormenta, la goleta en la que viajaban se separó del resto de la flota y fue atacada por tres naves corsarias al mando del albanés Arnaute Mamí. Tras el combate Miguel de Cervantes y su hermano Rodrigo fueron apresados. El escritor portaba dos cartas de recomendación para Felipe II del mismísimo Juan de Austria (hermanastro bastardo del rey de España, y comandante de la flota cristiana en Lepanto) con el objetivo de conseguir un ascenso. Estas cartas hicieron pensar a sus captores que los hermanos Cervantes tenían una posición económica muy elevada y pidieron un cuantioso rescate por ellos.

Fueron trasladados a Argel (Argelia). En 1577 Rodrigo fue liberado, tras un rescate pagado por sus hermanas Andrea y Magdalena (supuestamente prostitutas que consiguieron el dinero tras un pleito con un rico madrileño en el que le pedían una indemnización porque, al casarse, no podrían beneficiarse de él como cliente), pero Miguel continuó entre rejas, aunque intentó escapar de presidio hasta en cuatro ocasiones, fallidas por supuesto. Su libertad tuvo que esperar hasta el 19 de septiembre de 1580, cuando su familia pudo pagar el rescate. Pasó cinco largos años preso.

Portada de la edición princeps
de 
El ingenioso hidalgo don
Quijote de la Mancha (1605).

Con 37 años Miguel de Cervantes de casó con Catalina de Salazar y Palacios, de solo 18. En 1587 ingresó en la Academia Imitatoria (primer círculo literario madrileño) y, además, fue nombrado Comisario Real de Abastos (recaudador de especies) para la Armada Invencible.

Y, por fin, en 1605, se publicó en Madrid su obra El Ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha, primera parte de la novela que lo haría universalmente famoso. En 1614 apareció en Tarragona la supuesta continuación, falsa, de El Quijote, de un tal Alonso Fernández de Avellaneda (aunque este nombre en realidad era solo un seudónimo), y en la que utilizaba el prólogo para proferir insultos contra Cervantes. En 1615, ya sí, Cervantes terminó y publicó la segunda parte de su obra maestra.

Miguel de Cervantes fallece entre el 22 y el 23 de abril de 1616. Fue enterrado en el convento de las trinitarias descalzas, pero a día de hoy no se conoce la localización exacta de su sepultura.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

El final de las “Guerras Italianas”

Batalla de Gravelinas. Continuación de la cápsula “Se montó la de San Quintín”.

Batalla de Gravelinas.
Ya os hablé la semana pasada de la batalla de San Quintín, en la que los franceses salieron bien escaldados, pero se ve que para Enrique II de Francia no fue suficiente. Preparó un ejército de aproximadamente 14.000 soldados que puso al mando del Duque de Thermes.

Con este nuevo ejército invadió el Flandes español. Un ejército español les interceptó el 13 de julio de 1558 en la ciudad de Gravelinas (ciudad del noreste de Francia, hoy en día). Thermes pensó que la fuerza española era una pequeña avanzadilla puesto que era imposible que el grueso del ejército español se presentara con tanta rapidez, así que mandó atacar. Pero no era una avanzadilla, era el ejército que iba a plantarles cara, y lo comandaba el Conde de Egmont (primo del rey español). Los españoles eran superiores en número, por poco, unos 4.000 hombres más.

Tercios españoles en formación de combate.

Comienza la batalla con las cargas de las distintas caballerías hasta que la pólvora cobra protagonismo, los arcabuceros españoles disparan sin piedad, primero sobre la caballería francesa y después sobre la infantería. No tienen rival. Egmont, al frente de la caballería española, manda cargar mientras una flota anglo-hispana (el Duque de Guisa conquistó Calais a Inglaterra) les apoya desde la costa, descargando su artillería sobre la retaguardia francesa.

El resultado de la batalla fue un nuevo “San Quintín”, las tropas de Enrique II huyeron del Flandes español, dejando en el campo de batalla 12.500 hombres, incluido su comandante, Thermes, que fue apresado, y por el que Francia tuvo que pagar un rescate. Solo 1.500 franceses lograron escapar. Sus banderas y artillería fueron capturadas.

Grabado representativo de la Paz de Cateau-Cambrésis.
Las bajas españolas ascienden a 300, algo casi habitual en esa época, donde la infantería española, con los tercios a la cabeza, era temida en todo el mundo.

Con esta batalla Felipe II ponía fin a las “Guerras de Italia”, firmando en 1559 la Paz de Cateau-Cambrésis junto a Francia e Inglaterra.

Con motivo de la paz firmada, se celebraron distintos festejos. Uno de ellos era un duelo en el que participó el propio rey francés, enfrentándose a un capitán de su guardia. El soldado francés atravesó el ojo del rey con una lanza, herida que le causó la muerte.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Se montó la de San Quintín

Bonita frase pero… ¿sabes de donde procede?

Mapa de 1557. En amarillo los territorios españoles en Europa.
Para conocer su origen debemos retroceder hasta mediados del Siglo XVI, a San Quintín (en francés Saint-Quentin), ciudad situada en el noreste de Francia, cercana a lo que un día fueron los Países Bajos españoles. En esta ciudad se produjo una gran batalla entre Francia y España, en la que los franceses fueron, prácticamente, masacrados.

En 1556 las tropas de Enrique II, rey de Francia, atacaron Nápoles y el Milanesado, bajo soberanía española, en su ansia por hacerse con las pertenencias españolas en Italia. Algo que Francia intentaba (sin éxito) desde hacía décadas, y que he mencionado en más de una entrada en el blog (La batalla de Bicocca y La Liga de Cognac). Los franceses fueron despachados de Italia por el III Duque de Alba y su ejército.

Manuel Filiberto, Duque
de Saboya.
En cuanto la noticia de ofensiva francesa llegó a oídos del entonces rey de España, Felipe II, ordenó invadir Francia. Las fuerzas españolas, apoyadas por flamencos, alemanes, borgoñeses e ingleses (Felipe II solicitó apoyo militar a su segunda esposa, María Tudor o María I de Inglaterra) contaban con entre 40.000 y 60.000 hombres. Se adentraron en territorio francés y realizaron una maniobra de distracción, plan ideado por su comandante, Manuel de Filiberto, Duque de Saboya, que consistía en atacar las ciudades francesas de La Champaña y Guisa. El grueso del ejército francés se dirigió entonces a las ciudades asediadas por los españoles, creyendo que toda la fuerza hispana se concentraría allí.

El 2 de agosto de 1557, el ejército de Felipe II se dirigió entonces a San Quintín, que no contaba con hombres suficientes para aguantar la embestida española. Los refuerzos galos no tardaron en llegar, más de 35.000 hombres al mando de Anne de Montmorency.

El 10 de agosto Montmorency intentó tomar la ciudad, pero no ideó una buena estrategia, intentó acorralar al  ejército imperial sin éxito. Los arcabuceros españoles crearon el pánico entre el enemigo, no dejaban de disparar, con tanta dureza que los 5.000 mercenarios alemanes al servicio de Francia se rindieron. Los galos se vieron sobrepasados, eran inferiores en número y no estaban bien situados en el campo de batalla, caían como moscas y no lograban hacer nada para remediarlo. El propio Montmorency fue capturado por un soldado español, de nombre Sedano (no es la primera vez que hablo aquí de un soldado que captura a alguien “importante”).

Las bajas francesas ascendieron a 25.000, entre muertos, prisioneros y heridos; toda su artillería y 50 banderas fueron capturadas. Las bajas españolas no llegan a 300, casi cien veces menos.

Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.
Para conmemorar la victoria Felipe II mandó construir el monasterio de San Lorenzo de El Escorial, ya que el 10 de agosto, día de la batalla, es festividad de San Lorenzo.

Una curiosidad muy curiosa es que hoy día las ciudades de San Lorenzo de El Escorial (España) y Saint-Quentin (Francia) están hermanadas, no tienen guasa…

Continuará…

viernes, 25 de noviembre de 2011

La Liga de Cognac

Papa Clemente VII

El "Sacco di Roma" y "Paix des Dames". Continuación de La batalla de Bicocca.

Cuando Francisco I regresó a Francia tras su cautiverio en Madrid decidió continuar con su “lucha” contra el Emperador Carlos I. Se alió con Venecia, Florencia, Milán y los Estados Pontificios (curioso que el Papado se aliara con Francia, puesto que en la Guerra de los Cuatro años eran enemigos, pero al parecer el Papa Clemente VII quería acabar con la dominación imperial en Italia). A esta coalición se la conoce como “La Liga de Cognac”. En 1527, ya avanzado el conflicto, Enrique VIII de Inglaterra entraría en el conflicto del lado de la Liga. Frente a ellos Carlos de Habsburgo y su imperio: España y el Sacro Imperio Romano Germánico. La guerra de la Liga de Cognac duraría desde 1526, mismo año de la liberación de Francisco I, hasta 1530.

Pintura que refleja el saqueo de la ciudad.
Un golpe duro contra la Liga, más concretamente contra los Estados Pontificios, se dio el 6 de mayo de 1527, fecha en la que se produjo el “Sacco di Roma”. Tropas imperiales que no habían recibido su salario por falta de fondos forzaron a Carlos III de Borbón (No confundir con Carlos III de España, s. XVIII), que los comandaba, a dirigirse a la ciudad de Roma para saquearla. Aunque eran bastantes más que los defensores de Roma, esta contaba con buenas defensas y artillería. En su asalto cayó Carlos III, lo que afectó a la moral de las tropas, para bien porque el mismo día de su muerte se conquistaron los muros romanos pero, para muy mal, en el sentido de que el Borbón era el único capaz de frenar el ansia de pillaje de sus tropas. Comenzó entonces el saqueo de la ciudad, masacrando a la población y embistiendo en toda clase de edificios, tomando cuando podían. La Guardia Suiza se enfrentó al ejército hispano en la entrada de la Basílica de San Pedro. Fue masacrada pero, gracias a su arrojo permitieron al Papa Clemente VII escapar a través de un pasadizo secreto hasta lugar seguro (En honor a esta refriega, los guardias suizos de nueva incorporación prestan juramento el 6 de mayo de cada año). Un mes después el Papa se rindió y pagó un rescate para acabar con la ocupación de la ciudad. A Carlos I le disgustó el saqueo y se disculpo al papado, pero de todas formas Clemente VII no volvió a llevarle la contraria al emperador durante el resto de su vida.

Guardia Suiza en formación.

La batalla más decisiva de la guerra, y casi la última, fue la de Landriano (ciudad cercana a Pavía) el 21 de junio de 1529. Donde refuerzos franceses fueron interceptados y derrotados por tropas españolas comandadas por Antonio de Leyva.

Retrato que refleja a las damas que
firmaron la paz.

Tras este, de nuevo, varapalo, Francisco I intentó lograr la paz con Carlos I. Una paz que fue negociada en Cambrai (Francia) por la madre del rey francés, Luisa de Saboya, y la tía del emperador, Margarita de Austria. Este acuerdo es conocido como "Paix des Dames" y, esta vez sí, fue cumplido por el rey francés, muy a su pesar.

España 2 - 0 Francia

martes, 22 de noviembre de 2011

La batalla de Bicocca

Carlos I de España y V de Alemania.

Tras el nombramiento de Carlos I de España como emperador del Sacro Imperio Románico Germánico, Francisco I de Francia atacó los Países Bajos y Navarra, para ayudar a Enrique II de Navarra a recuperar su reino.

España no tardó en repeler el ataque francés. Carlos I de España y V de Alemania se alió con Inglaterra y los Estados Pontificios, estallando la Guerra italiana de 1521-1526, que los enfrentaría a Francia y Venecia.

El conflicto se trasladó a tierras italianas, donde se sucedió la famosa Batalla de Bicocca (en El Milanesado) el 27 de abril de 1522. En este enfrentamiento las tropas españolas defendían la posición italiana en clara minoría ante los atacantes franceses, apoyados por 15.000 piqueros suizos mercenarios. Los asalariados suizos movieron ficha primero (lo cierto es que presionaron a Francisco I para atacar inmediatamente o se marchaban del combate, puesto que aún no habían recibido sus pagas), cargaron contra las tropas españolas pero, antes de llegar a su posición, se encontraron con una pequeña cuesta que les impidió completar la carga. Fue entonces cuando los españoles, aprovechando su posición elevada ventajosa, masacraron a los suizos gracias a la efectividad del arcabuz. Los que conseguían llegar a la posición de las tropas imperiales eran rechazados por los lansquenetes (piqueros alemanes). Los suizos, tras haber perdido más de 3.000 hombres sin haber llegado prácticamente al enfrentamiento cuerpo a cuerpo, se retiraron de la refriega. Las tropas francesas tampoco lograron romper las líneas españolas. Desde entonces, en castellano, se llama “bicoca” a algo que se consigue fácilmente.

Arcabucero español.
La batalla de Bicocca supuso, podríamos decir, el inicio de un nuevo método de guerra, en el que la pólvora robaba protagonismo a la lanza.

El 24 de febrero de 1525 Francia, con el rey Francisco I al frente, en la Batalla de Pavía, se enfrentó de nuevo a las tropas germano-españolas. Francisco I de Francia no solo perdió la pugna sino que fue apresado por un soldado español.

Tras capturar al rey francés finalizó la Guerra de los Cuatro años (como también se conoce a la Guerra italiana de 1521-1526), aceptando un armisticio donde renunciaba a toda ambición territorial en Italia. Pero cuando fue liberado y regresó a territorio galo rechazó los términos del tratado firmado, comenzando la Guerra de la Liga de Cognac.

Continuará…

lunes, 26 de septiembre de 2011

Trajano y Adriano: “Césares españoles”

Busto del Emperador Trajano.
Marcus Ulpius Traianus (Marco Ulpio Trajano), nacido en Itálica, actual Santiponce (Sevilla), fue emperador del gran Imperio Romano desde el año 98 hasta su muerte en el 117. Fue el primer César nacido fuera de Italia y es considerado como el Optimus Princeps, el mejor de los príncipes.

Bastante popular por la cantidad de obras y edificios públicos que erigió en Roma y otras provincias, y por sus victorias militares. Conquistó Dacia (actuales Rumanía y Moldavia) y el Reino Nabateo (ocupa partes de la actual Jordania, Egipto, Siria, Israel, Territorios Palestinos y Arabia Saudí).

En el año 113 comenzó una guerra contra el Imperio Parto, llegando hasta Susa (antigua ciudad situada en el actual sudoeste de Irán), con lo que consiguió la mayor expansión del imperio de toda su historia. Pero esa guerra le costó la vida, debido a que enfermó y tuvo que ser trasladado. Murió en Sicilia, camino de Roma.

Mapa del Imperio Romano en el año 117, bajo el mando de Trajano.

Antes de morir, Trajano adoptó* a Publius Aelius Hadrianus, al que conocemos como Adriano (hijo de su primo, que a su vez estaba casado con una sobrina-nieta suya) y también nacido en Itálica. 
Imagen del Emperador Adriano.

Adriano, al ser el único descendiente varón de Trajano, ocupó el título de emperador.

El objetivo del nuevo gobernante era que el Imperio Romano tuviese unas fronteras estables y defendibles así que finalizó la cruenta guerra contra los Partos, renunciando a ciertos territorios que eran más complicados de mantener que lo que costó conquistar.

Ejerció el título de emperador desde el 117 hasta su muerte en el año 138.

Columna Trajana, monumento erigido
en Roma bajo el cual se encuentran
los restos del Emperador Trajano.
* Alrededor de la adopción de Adriano hay una leyenda que dice que no fue Trajano quien le adoptó, sino un farsante. Según esta teoría, la mujer de Trajano ordenó a un esclavo que se colocase bajo las sábanas de la cama del emperador (que ya se encontraría muerto) y nombrara a Adriano como su hijo y heredero.

Y... corregidme si me equivoco.

lunes, 29 de agosto de 2011

El Vizcaíno que apresó a un Rey

Representación de la Batalla de Pavía.

En el año 1525, en medio de la Guerra Italiana de 1521-1526, se desarrollaba en la ciudad de Pavía, en el Milanesado (Italia), un sitio que enfrentaba al ejército francés, comandado por el mismísimo rey Francisco I de Francia, a los defensores de la ciudad, tropas imperiales de su Majestad Carlos I de España.

Los galos poseían una fuerza de unos 30.000 hombres, mientras los españoles poco más de 6.000, pero bastaron para resistir el asedio.

Francisco I de Francia.

El día 24 de febrero llegaron tropas de refuerzo, casi 25.000 soldados entre alemanes, españoles e italianos que comenzaron a combatir a los franceses en campo abierto. Fue entonces cuando los tercios españoles salieron de la ciudad en ayuda de los suyos, provocando finalmente la huída del enemigo.

Durante ese repliegue el rey francés, junto a su escolta, intentaba abrirse paso para salir de ese combate, cuando un soldado español, natural de Hernani, el Capitán Juan de Urbieta Berástegui y Lezo, le puso su estoque en su cuello y, lejos de acabar con él, pensando que se trataba de un “pez gordo” debido a su lujosa equipación, le exigió su rendición.

Capitán Juan de Urbieta
Berástegui y Lezo.

Cuando se supo que se trataba de Francisco I fue trasladado a Madrid donde Carlos I negoció con él la paz, tratado que no tuvo más remedio que aceptar pero que rompió tras su liberación. 


En la batalla de Pavía las tropas francesas sufrieron 10.000 bajas y 5.000 prisioneros. El ejército imperial tan solo perdió 500 hombres.

En el título de esta cápsula se hace referencia a un "vizcaíno", ya se que Hernani no está en Vizcaya, pero en el Siglo XVI a todos los vascos se les llamaba vizcaínos.

Corregidme si me equivoco.

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