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lunes, 12 de noviembre de 2012

El cadáver del general francés que los españoles llevaron a hombros

"El Gran Capitán recorriendo el campo de la Batalla
de Ceriñola" (1835).

Durante la Batalla de Ceriñola (Nápoles) de 1503, donde españoles y franceses se batieron por un pedazo de Italia resultó muerto el comandante galo Luis de Armagnac (Duque de Nemours) que encabezaba la  carga de la caballería pesada francesa.

Cuando Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, al mando de las fuerzas españolas, descubrió el cadáver del general francés, se arrodilló y rezó por su alma. Ordenó que fuese llevado a hombros por los capitanes españoles y escoltado por cien lanceros y los clérigos y frailes de la zona hasta la iglesia del campamento español. Fue enterrado y honrado como si de un general español se tratara, un funeral costeado por el propio Gran Capitán.

Al llegar a oídos del rey francés, Luis XII, los hechos acaecidos tras la victoria española en Ceriñola, escribió una carta al Gran Capitán que decía lo siguiente:

“No tengo por afrenta ser vencido por El Gran Capitán de España, porque merece que le de Dios aún lo que no fuese suyo, porque nunca se ha visto y oído capitán a quien la victoria haga más humilde y piadoso”.
“Los dos Caudillos” (1866), donde tras la batalla,
el Gran Capitán, contempla con tristeza el cadáver
de su enemigo, el duque de Nemours.

Los reyes de España, los Reyes Católicos, también felicitaron a Fernández de Córdoba no solo por su victoria, sino por el trato ofrecido al enemigo vencido. En concreto las palabras de la reina Isabel de Castilla a propósito del entierro del Duque de Nemours fueron: “Que con poco había hecho mucho”.

Otra gran acción de este militar español que hace honor a su apodo.

Fuente: Asociación Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba

Y por cierto, para los que no conozcan los detalles de la batalla de Ceriñola os aviso que tengo una cápsula preparada sobre la misma y no creo que tarde mucho en publicarla.

lunes, 5 de marzo de 2012

El Gran Capitán

Retrato de Gonzalo
Fernández de Córdoba. 
Don Gonzalo Fernández de Córdoba fue un militar español que desde los doce años estuvo al servicio de la corona.

Participó en la Guerra de Granada donde se destacó en batallas como el sitio de Tájara o la toma de Íllora. Debido a su amistad con el rey moro de Granada Boabdil fue elegido para negociar la rendición de la ciudad.

Debido a la ocupación francesa de Nápoles (Guerra italiana de 1494-1498) se le encomendó el mando de los ejércitos que se disponían a marchar a Italia. Partió del levante español con una flota de 60 navíos en los que embarcaron 6.000 soldados de infantería y 700 de caballería. Tras tres años de lucha Gonzalo Fernández de Córdoba consigue derrotar a los franceses, recibiendo el apodo de El Gran Capitán debido a sus dotes estrategas.

También combatió “al turco”. España le comisionó para dirigir una fuerza de 8.000 hombres (más otros 2.000 que se le unirían en Mesina, Italia) que debía ayudar a Venecia con la ocupación turca del Peloponeso (actualmente en Grecia).

Cuadro del final de la Batalla de Ceriñola,
 por Federico de Madrazo.
El segundo viaje a Italia de El Gran Capitán fue provocado por la Guerra de Nápoles de 1501-1504. Durante este conflicto Córdoba encabezó al ejército español, logrando grandes victorias como la de la batalla de Ceriñola (Cerignola en italiano), que derrotó a los franceses en una hora y en la cual los arcabuceros españoles dispararon hasta en 4.000 ocasiones, y la batalla del Garellano (río Garigliano). No me extiendo demasiado que estas batallas bien se merecen su propia cápsula.

Terminada la guerra El Gran Capitán ejerció como virrey de Nápoles.

Mapa del s. XVI, con las posesiones
aragonesas en naranja y las batallas
importantes reseñadas.
Otro hecho importante por el que es un gran personaje de la historia militar española es porque revolucionó las técnicas militares del ejército, introduciendo varias reorganizaciones. Modificaciones como la creación de las coronelías (unidad que incorporaba cuatro compañías, lo que la hacía más poderosa pero igual de rápida, y que más tarde “evolucionaría” en los Tercios), el doblar la proporción de arcabuceros (uno por cada cinco infantes) y dotó de espadas cortas y lanzas arrojadizas a dos de cada cinco soldados para que pudieran escabullirse entre las largas picas de mercenarios esguízaros suizos y lansquenetes alemanes y poder herirles mortalmente en el vientre.

Y algo más tuvo que influir a los soldados porque los franceses que lucharon contra aquellos españoles afirmaron que “no habían combatido con hombres sino con diablos”.

Tras la muerte de Isabel I de Castilla, Fernando el Católico comenzó a sospechar de que El Gran Capitán pudiera liderar una posible rebelión independentista en Nápoles, por lo que le apartó del gobierno.

Don Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, murió en Loja (Granada) el 2 de diciembre de 1515.

Y corregidme si me equivoco.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

El final de las “Guerras Italianas”

Batalla de Gravelinas. Continuación de la cápsula “Se montó la de San Quintín”.

Batalla de Gravelinas.
Ya os hablé la semana pasada de la batalla de San Quintín, en la que los franceses salieron bien escaldados, pero se ve que para Enrique II de Francia no fue suficiente. Preparó un ejército de aproximadamente 14.000 soldados que puso al mando del Duque de Thermes.

Con este nuevo ejército invadió el Flandes español. Un ejército español les interceptó el 13 de julio de 1558 en la ciudad de Gravelinas (ciudad del noreste de Francia, hoy en día). Thermes pensó que la fuerza española era una pequeña avanzadilla puesto que era imposible que el grueso del ejército español se presentara con tanta rapidez, así que mandó atacar. Pero no era una avanzadilla, era el ejército que iba a plantarles cara, y lo comandaba el Conde de Egmont (primo del rey español). Los españoles eran superiores en número, por poco, unos 4.000 hombres más.

Tercios españoles en formación de combate.

Comienza la batalla con las cargas de las distintas caballerías hasta que la pólvora cobra protagonismo, los arcabuceros españoles disparan sin piedad, primero sobre la caballería francesa y después sobre la infantería. No tienen rival. Egmont, al frente de la caballería española, manda cargar mientras una flota anglo-hispana (el Duque de Guisa conquistó Calais a Inglaterra) les apoya desde la costa, descargando su artillería sobre la retaguardia francesa.

El resultado de la batalla fue un nuevo “San Quintín”, las tropas de Enrique II huyeron del Flandes español, dejando en el campo de batalla 12.500 hombres, incluido su comandante, Thermes, que fue apresado, y por el que Francia tuvo que pagar un rescate. Solo 1.500 franceses lograron escapar. Sus banderas y artillería fueron capturadas.

Grabado representativo de la Paz de Cateau-Cambrésis.
Las bajas españolas ascienden a 300, algo casi habitual en esa época, donde la infantería española, con los tercios a la cabeza, era temida en todo el mundo.

Con esta batalla Felipe II ponía fin a las “Guerras de Italia”, firmando en 1559 la Paz de Cateau-Cambrésis junto a Francia e Inglaterra.

Con motivo de la paz firmada, se celebraron distintos festejos. Uno de ellos era un duelo en el que participó el propio rey francés, enfrentándose a un capitán de su guardia. El soldado francés atravesó el ojo del rey con una lanza, herida que le causó la muerte.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Se montó la de San Quintín

Bonita frase pero… ¿sabes de donde procede?

Mapa de 1557. En amarillo los territorios españoles en Europa.
Para conocer su origen debemos retroceder hasta mediados del Siglo XVI, a San Quintín (en francés Saint-Quentin), ciudad situada en el noreste de Francia, cercana a lo que un día fueron los Países Bajos españoles. En esta ciudad se produjo una gran batalla entre Francia y España, en la que los franceses fueron, prácticamente, masacrados.

En 1556 las tropas de Enrique II, rey de Francia, atacaron Nápoles y el Milanesado, bajo soberanía española, en su ansia por hacerse con las pertenencias españolas en Italia. Algo que Francia intentaba (sin éxito) desde hacía décadas, y que he mencionado en más de una entrada en el blog (La batalla de Bicocca y La Liga de Cognac). Los franceses fueron despachados de Italia por el III Duque de Alba y su ejército.

Manuel Filiberto, Duque
de Saboya.
En cuanto la noticia de ofensiva francesa llegó a oídos del entonces rey de España, Felipe II, ordenó invadir Francia. Las fuerzas españolas, apoyadas por flamencos, alemanes, borgoñeses e ingleses (Felipe II solicitó apoyo militar a su segunda esposa, María Tudor o María I de Inglaterra) contaban con entre 40.000 y 60.000 hombres. Se adentraron en territorio francés y realizaron una maniobra de distracción, plan ideado por su comandante, Manuel de Filiberto, Duque de Saboya, que consistía en atacar las ciudades francesas de La Champaña y Guisa. El grueso del ejército francés se dirigió entonces a las ciudades asediadas por los españoles, creyendo que toda la fuerza hispana se concentraría allí.

El 2 de agosto de 1557, el ejército de Felipe II se dirigió entonces a San Quintín, que no contaba con hombres suficientes para aguantar la embestida española. Los refuerzos galos no tardaron en llegar, más de 35.000 hombres al mando de Anne de Montmorency.

El 10 de agosto Montmorency intentó tomar la ciudad, pero no ideó una buena estrategia, intentó acorralar al  ejército imperial sin éxito. Los arcabuceros españoles crearon el pánico entre el enemigo, no dejaban de disparar, con tanta dureza que los 5.000 mercenarios alemanes al servicio de Francia se rindieron. Los galos se vieron sobrepasados, eran inferiores en número y no estaban bien situados en el campo de batalla, caían como moscas y no lograban hacer nada para remediarlo. El propio Montmorency fue capturado por un soldado español, de nombre Sedano (no es la primera vez que hablo aquí de un soldado que captura a alguien “importante”).

Las bajas francesas ascendieron a 25.000, entre muertos, prisioneros y heridos; toda su artillería y 50 banderas fueron capturadas. Las bajas españolas no llegan a 300, casi cien veces menos.

Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.
Para conmemorar la victoria Felipe II mandó construir el monasterio de San Lorenzo de El Escorial, ya que el 10 de agosto, día de la batalla, es festividad de San Lorenzo.

Una curiosidad muy curiosa es que hoy día las ciudades de San Lorenzo de El Escorial (España) y Saint-Quentin (Francia) están hermanadas, no tienen guasa…

Continuará…

viernes, 25 de noviembre de 2011

La Liga de Cognac

Papa Clemente VII

El "Sacco di Roma" y "Paix des Dames". Continuación de La batalla de Bicocca.

Cuando Francisco I regresó a Francia tras su cautiverio en Madrid decidió continuar con su “lucha” contra el Emperador Carlos I. Se alió con Venecia, Florencia, Milán y los Estados Pontificios (curioso que el Papado se aliara con Francia, puesto que en la Guerra de los Cuatro años eran enemigos, pero al parecer el Papa Clemente VII quería acabar con la dominación imperial en Italia). A esta coalición se la conoce como “La Liga de Cognac”. En 1527, ya avanzado el conflicto, Enrique VIII de Inglaterra entraría en el conflicto del lado de la Liga. Frente a ellos Carlos de Habsburgo y su imperio: España y el Sacro Imperio Romano Germánico. La guerra de la Liga de Cognac duraría desde 1526, mismo año de la liberación de Francisco I, hasta 1530.

Pintura que refleja el saqueo de la ciudad.
Un golpe duro contra la Liga, más concretamente contra los Estados Pontificios, se dio el 6 de mayo de 1527, fecha en la que se produjo el “Sacco di Roma”. Tropas imperiales que no habían recibido su salario por falta de fondos forzaron a Carlos III de Borbón (No confundir con Carlos III de España, s. XVIII), que los comandaba, a dirigirse a la ciudad de Roma para saquearla. Aunque eran bastantes más que los defensores de Roma, esta contaba con buenas defensas y artillería. En su asalto cayó Carlos III, lo que afectó a la moral de las tropas, para bien porque el mismo día de su muerte se conquistaron los muros romanos pero, para muy mal, en el sentido de que el Borbón era el único capaz de frenar el ansia de pillaje de sus tropas. Comenzó entonces el saqueo de la ciudad, masacrando a la población y embistiendo en toda clase de edificios, tomando cuando podían. La Guardia Suiza se enfrentó al ejército hispano en la entrada de la Basílica de San Pedro. Fue masacrada pero, gracias a su arrojo permitieron al Papa Clemente VII escapar a través de un pasadizo secreto hasta lugar seguro (En honor a esta refriega, los guardias suizos de nueva incorporación prestan juramento el 6 de mayo de cada año). Un mes después el Papa se rindió y pagó un rescate para acabar con la ocupación de la ciudad. A Carlos I le disgustó el saqueo y se disculpo al papado, pero de todas formas Clemente VII no volvió a llevarle la contraria al emperador durante el resto de su vida.

Guardia Suiza en formación.

La batalla más decisiva de la guerra, y casi la última, fue la de Landriano (ciudad cercana a Pavía) el 21 de junio de 1529. Donde refuerzos franceses fueron interceptados y derrotados por tropas españolas comandadas por Antonio de Leyva.

Retrato que refleja a las damas que
firmaron la paz.

Tras este, de nuevo, varapalo, Francisco I intentó lograr la paz con Carlos I. Una paz que fue negociada en Cambrai (Francia) por la madre del rey francés, Luisa de Saboya, y la tía del emperador, Margarita de Austria. Este acuerdo es conocido como "Paix des Dames" y, esta vez sí, fue cumplido por el rey francés, muy a su pesar.

España 2 - 0 Francia

martes, 22 de noviembre de 2011

La batalla de Bicocca

Carlos I de España y V de Alemania.

Tras el nombramiento de Carlos I de España como emperador del Sacro Imperio Románico Germánico, Francisco I de Francia atacó los Países Bajos y Navarra, para ayudar a Enrique II de Navarra a recuperar su reino.

España no tardó en repeler el ataque francés. Carlos I de España y V de Alemania se alió con Inglaterra y los Estados Pontificios, estallando la Guerra italiana de 1521-1526, que los enfrentaría a Francia y Venecia.

El conflicto se trasladó a tierras italianas, donde se sucedió la famosa Batalla de Bicocca (en El Milanesado) el 27 de abril de 1522. En este enfrentamiento las tropas españolas defendían la posición italiana en clara minoría ante los atacantes franceses, apoyados por 15.000 piqueros suizos mercenarios. Los asalariados suizos movieron ficha primero (lo cierto es que presionaron a Francisco I para atacar inmediatamente o se marchaban del combate, puesto que aún no habían recibido sus pagas), cargaron contra las tropas españolas pero, antes de llegar a su posición, se encontraron con una pequeña cuesta que les impidió completar la carga. Fue entonces cuando los españoles, aprovechando su posición elevada ventajosa, masacraron a los suizos gracias a la efectividad del arcabuz. Los que conseguían llegar a la posición de las tropas imperiales eran rechazados por los lansquenetes (piqueros alemanes). Los suizos, tras haber perdido más de 3.000 hombres sin haber llegado prácticamente al enfrentamiento cuerpo a cuerpo, se retiraron de la refriega. Las tropas francesas tampoco lograron romper las líneas españolas. Desde entonces, en castellano, se llama “bicoca” a algo que se consigue fácilmente.

Arcabucero español.
La batalla de Bicocca supuso, podríamos decir, el inicio de un nuevo método de guerra, en el que la pólvora robaba protagonismo a la lanza.

El 24 de febrero de 1525 Francia, con el rey Francisco I al frente, en la Batalla de Pavía, se enfrentó de nuevo a las tropas germano-españolas. Francisco I de Francia no solo perdió la pugna sino que fue apresado por un soldado español.

Tras capturar al rey francés finalizó la Guerra de los Cuatro años (como también se conoce a la Guerra italiana de 1521-1526), aceptando un armisticio donde renunciaba a toda ambición territorial en Italia. Pero cuando fue liberado y regresó a territorio galo rechazó los términos del tratado firmado, comenzando la Guerra de la Liga de Cognac.

Continuará…

lunes, 29 de agosto de 2011

El Vizcaíno que apresó a un Rey

Representación de la Batalla de Pavía.

En el año 1525, en medio de la Guerra Italiana de 1521-1526, se desarrollaba en la ciudad de Pavía, en el Milanesado (Italia), un sitio que enfrentaba al ejército francés, comandado por el mismísimo rey Francisco I de Francia, a los defensores de la ciudad, tropas imperiales de su Majestad Carlos I de España.

Los galos poseían una fuerza de unos 30.000 hombres, mientras los españoles poco más de 6.000, pero bastaron para resistir el asedio.

Francisco I de Francia.

El día 24 de febrero llegaron tropas de refuerzo, casi 25.000 soldados entre alemanes, españoles e italianos que comenzaron a combatir a los franceses en campo abierto. Fue entonces cuando los tercios españoles salieron de la ciudad en ayuda de los suyos, provocando finalmente la huída del enemigo.

Durante ese repliegue el rey francés, junto a su escolta, intentaba abrirse paso para salir de ese combate, cuando un soldado español, natural de Hernani, el Capitán Juan de Urbieta Berástegui y Lezo, le puso su estoque en su cuello y, lejos de acabar con él, pensando que se trataba de un “pez gordo” debido a su lujosa equipación, le exigió su rendición.

Capitán Juan de Urbieta
Berástegui y Lezo.

Cuando se supo que se trataba de Francisco I fue trasladado a Madrid donde Carlos I negoció con él la paz, tratado que no tuvo más remedio que aceptar pero que rompió tras su liberación. 


En la batalla de Pavía las tropas francesas sufrieron 10.000 bajas y 5.000 prisioneros. El ejército imperial tan solo perdió 500 hombres.

En el título de esta cápsula se hace referencia a un "vizcaíno", ya se que Hernani no está en Vizcaya, pero en el Siglo XVI a todos los vascos se les llamaba vizcaínos.

Corregidme si me equivoco.

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