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miércoles, 18 de febrero de 2015

El ingenio de Quevedo

Un calambur es un juego de palabras en el que se aprovechan la similitud de palabras con distintos significados o se cambian la posición de las sílabas para crear un nuevo significado. El más famoso, me atrevería a decir, de la lengua española, es el que cuentan que protagonizó Francisco de Quevedo con la reina Isabel de Borbón, primera esposa de Felipe IV de España.

La reina tenía un problema de cojera y reaccionaba de muy malos modos cuando conocía de alguien que cotilleara sobre el mismo. Así pues, unos amigos desafiaron a Quevedo a atreverse a llamar coja a la reina. Quevedo tiró de astucia con la intención de cumplir el reto sin ser objetivo de la ira de la soberana.

Don Francisco se presentó ante la reina portando un ramo de claveles blancos en una mano, y uno de rosas rojas en la otra y espetó a la reina: "Entre el clavel y la rosa, su majestad escoja" ("Entre el clavel y la rosa su majestad es coja").

Lo que no ha llegado hasta nuestros días es si la reina se percató de la burla. Pero teniendo en cuenta que ese día Quevedo conservó su cabeza, todo indica que no.

lunes, 16 de junio de 2014

El himno más antiguo del mundo

Bandera de Holanda.
Desde 1555 hasta 1714, con la firma del Tratado de Utrecht, España estuvo presente en los Países Bajos. Y de esa época proviene el himno nacional más antiguo del mundo.

"El Guillermo" (Het Wilhelmus en neerlandés), que así se llama el himno holandés, fue compuesto entre mediados y finales del siglo XVI, en honor de Guillermo de Orange, líder de la revolución contra la ocupación española. Aunque desde entonces lo han entonado miles de holandeses, no es hasta 1932 cuando se declara himno oficial del país.

El Guillermo es bastante largo, así que expongo la estrofa principal, que además es la que me interesa:

Guillermo de Nassau
soy yo, de sangre holandesa
a mi patria fiel
permaneceré hasta que muera.
Un príncipe de Orange
soy, libre y valeroso
al Rey de España
siempre le he honrado.

Referencia a España en un himno del Siglo de Oro español que aún cantan los holandeses del Siglo XXI. Aunque viendo los últimos acontecimientos deportivos, diría que la selección de fútbol holandesa no honra al mismo rey que Guillermo de Orange...

Y no es la única referencia a España en himnos nacionales extranjeros pero eso ya, es otra historia...


martes, 1 de enero de 2013

El primer muerto de La Legión


La Legión es una de las unidades que más expectación causa de las Fuerzas Armadas debido a sus peculiares señas de identidad. Esas patillas y barbas, la cabra (aunque existen otros animales mascota), su pechera abierta con el pelo asomando y esos desfiles a ritmo huracanado.

Y también el himno de La Legión, el Novio de la Muerte, es de los más conocidos entre los españoles. Una canción bonita a la par que triste, que cuenta la trágica historia de un legionario que muere en combate y al que le encuentran un poema entre sus ropajes. Digna de una novela, pero la historia que cuenta está basada en la realidad de un legionario que ansiaba la muerte para reunirse con su novia.

En octubre de 1920, Baltasar Queija de la Vega, un joven de 18 años y natural de Riotinto (Huelva) conseguía su primer destino en La Legión. Un cuerpo de voluntarios que contaba con pocos meses de existencia y que aún no había tenido oportunidad de hacerse notar en esa Guerra de Marruecos en la que España intentaba contener a los rebeldes que, aprovechando la orografía y conocimiento del terreno, tenían en jaque al ejército.

Baltasar Queija de la Vega, cabo legionario.
Al poco tiempo de llegar a África recibió la noticia de que su novia, que permanecía en Riotinto, había fallecido. Este hecho afectó de tal manera a Baltasar que llegó a decir a Millán Astray (creador de La Legión) que deseaba recibir la primera bala que llegase del enemigo, después de que Astray le hubiera encontrado llorando.

Y así fue. El 7 de enero de 1921 cuando el cabo Baltasar regresaba al campamento de Zoco el Arbaa (cerca de Tetuán) tras una patrulla por la zona, su pelotón sufrió una emboscada y fueron atacados por un grupo de rebeldes que les superaba en número. Aún así los legionarios rechazaron el ataque. Pero Baltasar fue alcanzado por una bala, herida que le causó la muerte, lo que le convirtió en el primer legionario muerto en combate.

En sus bolsillos encontraron un trozo de papel con un corto poema escrito por él que decía así:

Somos los extranjeros legionarios
El Tercio de hombres voluntarios
Que por España vienen a luchar


La trágica historia del cabo Baltasar, del poeta Baltasar, corrió por toda La Legión, y avabó llegando a oídos del escritor Fidel Prado, quien redactaría la letra del Novio de la Muerte. El músico Juan Cosa lo convirtió en canción y cuando Millán Astray la escuchó decidió que se usara como himno de La Legión, hasta el día de hoy.

El novio de la muerte
Nadie en el Tercio sabía
quién era aquel legionario
tan audaz y temerario
que en la Legión se alistó.
Nadie sabía su historia,
mas la Legión suponía
que un gran dolor le mordía
como un lobo el corazón.
Mas si alguno quién era le preguntaba,
con dolor y rudeza le contestaba:
«Soy un hombre a quien la suerte
hirió con zarpa de fiera,
soy un novio de la muerte
que va a unirse en lazo fuerte
con tan leal compañera».


Cuando más rudo era el fuego
y la pelea más fiera,
defendiendo su bandera,
el legionario avanzó.
Y sin temer al empuje
del enemigo exaltado,
supo morir como un bravo
y la enseña rescató.
Y al regar con su sangre la tierra ardiente,
murmuró el legionario con voz doliente:
«Soy un hombre a quien la suerte
hirió con zarpa de fiera,
soy un novio de la muerte
que va a unirse en lazo fuerte
con tal leal compañera».



Cuando al fin le recogieron,
entre su pecho encontraron
una carta y un retrato
de una divina mujer.
Y aquella carta decía:
«...si algún día Dios te llama,
para mí un puesto reclama
que a buscarte pronto iré».
Y en el último beso que le enviaba,
su postrer despedida le consagraba.
«Por ir a tu lado a verte,
mi más leal compañera,
me hice novio de la muerte,
la estreché con lazo fuerte
y su amor fue mi bandera».

Y no me olvido del Cristo de la Buena Muerte, pero esta cápsula no da para más. Lo dejo para otra ocasión.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Pedro Serrano: Ocho años en una isla desierta


Portada de una edición de
"Robinson Crusoe".
En 1526 un patache español (tipo de barco ligero y con dos velas) que navegaba de La Habana (Cuba) a Cartagena de Indias (Colombia) debió sufrir una tormenta que hundió el barco y se cobró la vida de todos sus tripulantes, a excepción del Capitán de Marina Pedro Serrano.

El naufragio llevó al capitán a una isla desierta en la que por no haber no había ni agua dulce. Encerrado en ese pedazo de tierra pescó, cazó lo que pudo y bebió agua de lluvia e incluso, cuando escaseaba la lluvia, bebía sangre de tortugas marinas, para sobrevivir, en soledad.

Cuando llevaba tres meses en la isla llegó otro náufrago, del que desconozco la nacionalidad, pero supongo que, fuese cual fuese su idioma, llegarían a entenderse.

En 1534 (¡ocho años desde la llegada de Serrano al islote!) un galeón, que realizaba la ruta inversa a la del navío de Serrano, vio el humo de una hoguera que los dos náufragos habían hecho con la esperanza de ser avistado por algún navegante, y fueron rescatados.

Banco Serrana visto desde la Estación Espacial Internacional.
Aunque el náufrago más “moderno” perdió la vida en el mismo barco de rescate, Pedro Serrano regresó a España donde fue admirado por su historia de supervivencia, con la que llegó a amasar una buena fortuna por sus viajes a toda Europa contando su aventura.

Hoy en día el lugar donde naufragó lleva su nombre, Serrana Bank (Banco de Serrano) o Cayo Serrana y figuró por primera vez en un mapa holandés de 1545. Pertenece a Colombia, aunque su soberanía fue disputada por Estados Unidos en el pasado, y hoy lo es por Nicaragua.

La historia de Serrano es una de las que inspiraron a Daniel Defoe a la hora de escribir su famosa novela “Robinson Crusoe”. Además, su aventura fue convertida en cuento infantil por Roberto Laserna en 1976 en Bolivia, siendo incluido en los libros del sistema escolar boliviano.

Ubicación del Banco Serrana, vía Google Earth.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Cartas por la Unidad

El 11 de septiembre del presente (2012) y con motivo de la Diada, hubo manifestaciones independentistas en la comunidad de Cataluña. Una semana más tarde (día 18) S. M. el Rey de España ha redactado una carta que ha sido colgada en la recién creada página web de la casa real.

Hay quien ve en la carta claras alusiones a esos sectores independentistas de Cataluña. y de otras partes de España. A continuación reproduzco el mensaje literalmente, tan solo he resaltado algunas frases en negrita, y opinad vosotros mismos:


Carta de S.M. el Rey Don Juan Carlos
Madrid, 18/09/2012
"...Carta de S.M. el Rey..."

S.M. Don Juan Carlos I.
No soy el primero y con seguridad no seré el último entre los españoles que piensa que en la difícil coyuntura económica, política y también social que atravesamos es imprescindible que interioricemos dos cosas fundamentales.

La primera es que solo superaremos las dificultades actuales actuando unidos, caminando juntos, aunando nuestras voces, remando a la vez. Estamos en un momento decisivo para el futuro de Europa y de España y para asegurar o arruinar el bienestar que tanto nos ha costado alcanzar. En estas circunstancias, lo peor que podemos hacer es dividir fuerzas, alentar disensiones, perseguir quimeras, ahondar heridas. No son estos tiempos buenos para escudriñar en las esencias ni para debatir si son galgos o podencos quienes amenazan nuestro modelo de convivencia. Son, por el contrario, los más adecuados para la acción decidida y conjunta de la sociedad, a todos los niveles, en defensa del modelo democrático y social que entre todos hemos elegido.

La segunda es que, desde la unión y la concordia, hemos de recuperar y reforzar los valores que han destacado en las mejores etapas de nuestra compleja historia y que brillaron en particular en nuestra Transición Democrática: el trabajo, el esfuerzo, el mérito, la generosidad, el diálogo, el imperativo ético, el sacrificio de los intereses particulares en aras del interés general, la renuncia a la verdad en exclusiva.

Son esos los valores de una sociedad sana y viva, la sociedad que queremos ser y en la que queremos estar para superar entre todos las dificultades que hoy vivimos.

Fuente: casareal.es


Y hace pocos días he encontrado de casualidad otro escrito que trata sobre Cataluña y cómo ciertos sectores tergiversan la historia a placer. Desconozco la autoría de la carta, pero supuesta mente ha sido redactada por un catalán que, desde su niñez, le han sido inculcados unos valores y una historia que, con el paso del tiempo, ha descubierto que no era exactamente como se la contaron. Aquí la carta:


Carta de un catalán:

Señera, bandera de Cataluña.
Soy un barcelonés de 30 años que, como mi generación, creció con el Club Super 3, el Tomàtic, la Bola de Drac, la Arare, Sopa de Cabra, Els Pets, Els Caçafantasmes, "Regreso al Futuro"... Veíamos la predicción del tiempo en la TV 3, con los dibujos de soles y nubes sobre un mapa de los Países Catalanes.

En la escuela nos explicaban la historia de las cuatro barras, pintadas por el emperador franco con la sangre de Wilfredo el Velloso sobre un escudo o tela de color amarillo-dorado: así nació nuestra bandera (la Senyera).

Los domingos por la mañana bailábamos sardanas en la plaza de la Iglesia, y daba gozo ver en un mismo círculo a los abuelos y los nietos, cogidos de la mano. En Navidad hacíamos cagar al "Tió", y poníamos un "Caganer" con barretina en el Nacimiento. Así, disfrutábamos de una auténtica Navidad catalana como Dios manda.

En la primavera cogíamos las Xirucas (Chirucas, marca de calzado), y nos íbamos a nuestros Pirineos a disfrutar de nuestras montañas y sierras, en nuestra tierra. Celebrábamos la "Diada", con ánimo de no olvidarnos de la derrota de nuestro pueblo contra Felipe V y los españoles.

Somos un pueblo trabajador, con carácter, distinto del resto. Tenemos la Caixa , el RACC, los Mozos de Escuadra y los Ferrocarriles Catalanes. ¿Qué más queremos? Pues queremos, queremos, queremos...

Pero la verdad no se puede ocultar siempre. Te vas de Erasmus a Londres, y descubres que existe vida fuera de nuestro pequeño planeta catalán.

Que también hay trabajadores con carácter en otros territorios. Que la Caixa no es tan importante, si se compara con el Comercial Bank of China. Que solamente una ciudad como Shanghái tiene 20 millones de personas (tres veces toda Cataluña).

Descubres la verdad: que lo de las cuatro barras de Wifredo el Velloso sólo era una leyenda, un mito, sin fundamento histórico. Ni Wifredo fue contemporáneo del emperador, ni se usaba la heráldica en ese siglo. Además, hasta la unión con Aragón, el emblema de los condes de Barcelona fue la cruz de San Jorge (una cruz de gules sobre campo de plata).

Descubres que la sardana la inventaron en el año 1817. Fue un tal Pep Ventura, que tampoco se llamaba Pep sino José, nacido en Alcalá la Real, provincia de Jaén, e hijo de un comandante del Ejército español. Se la inventaron, porque no podía ser que la jota de Lérida o del Campo de Tarragona fuese el baile nacional. Y tampoco podía serlo el baile denominado "El Españolito". Por eso se inventaron la sardana a comienzos del siglo XIX: para crear una identidad nacional inexistente hasta entonces. La sardana, otro mito.

Descubres que en 1714 no hubo ninguna guerra catalana-española, que Cataluña no participó en ninguna derrota bélica. Fue una guerra entre dos candidatos a la Corona de España, vacante desde la muerte de Carlos II sin descendencia: entre un candidato de la dinastía de los Borbones (de Francia) y otro de la de Austria (de tierras germánicas).

En todos los territorios de la Corona de España hubo austracistas y borbónicos: por ejemplo, Madrid, Alcalá y Toledo lucharon en el mismo bando que Barcelona. No fue, como intentan venderlo, una guerra de secesión, sino de sucesión: ningún bando aspiró nunca a romper la unidad dinástica entre Castilla y Aragón, ni la separación de Cataluña. La Diada, otro mito.

Descubres que el "Caganet" del belén es una "tradición" que no se generaliza hasta el siglo XIX, como la sardana. Y que el "Tió" es otra milonga identitarias y absurda. La Navidad catalana, otro mito.

Te das cuenta que [los nacionalistas] nos han tomado el pelo. No nos han educado, sino adoctrinado. Que nos han alimentado, sin darnos cuenta, de una "ideología total" que se encuentra por encima de todo y de todos. Lo abarca todo: permite pisar el derecho de las personas, modelar la Historia a su gusto, y determinar qué está bien o mal.

Te das cuenta que [los nacionalistas] nos han adoctrinado a través de mitos, leyendas, mentiras. Que han construido o falseado una realidad, con tal de fundamentar su ideología. Intentaré poco a poco ir comentando esos mitos. Pido ayuda y la colaboración de todos, para tratar de encontrar otras mentiras. Así, [los catalanes] podremos liberarnos de esos mitos, y ser libres de verdad.

Está claro que eso de viajar, es para algunos, una estupenda vacuna contra la estupidez y el aldeanismo.

Yo no escribo cartas porque ya bastante tocho he metido... Y si alguien sabe el origen o el autor de esta última carta que, por favor, lo diga en los comentarios.

jueves, 16 de agosto de 2012

Manuel Machado: Castilla


Manuel Machado (1874-1947)
     
 El ciego sol se estrella
      en las duras aristas de las armas,
      llaga de luz los petos y espaldares
      y flamea en las puntas de las lanzas.

      El ciego sol, la sed y la fatiga.
      Por la terrible estepa castellana,
      al destierro, con doce de los suyos,
      -polvo, sudor y hierro- el Cid cabalga.

      Cerrado está el mesón a piedra y lodo...
      Nadie responde. Al pomo de la espada
      y al cuento de las picas, el postigo
      va a ceder... ¡Quema el sol, el aire abrasa!

      A los terribles golpes,
      de eco ronco, una voz pura, de plata
      y de cristal responde... Hay un niña
      muy débil y muy blanca,
      en el umbral. Es toda
      ojos azules; y en los ojos, lágrimas.
      Oro pálido nimba
      su carita curiosa y asustada.

       “¡Buen Cid! Pasad... El rey nos dará muerte,
      arruinará la casa
      y sembrará de sal el pobre campo
      que mi padre trabaja...
      Idos. El Cielo os colme de venturas...
      En nuestro mal ¡oh Cid! No ganáis nada.”

      Calla la niña y llora sin gemido...
      Un sollozo infantil cruza la escuadra
      de feroces guerreros,
      y una voz inflexible grita: “¡En marcha!”

      El ciego sol, la sed y la fatiga.
      Por la terrible estepa castellana,
      al destierro, con doce de los suyos
      -polvo, sudor y hierro-, el Cid cabalga.



MANUEL MACHADO, “Castilla”.

Para aclarar un poco (para los que no sean muy duchos en poesía, como yo), este poema de Manuel Machado está inspirado en el “Poema del Cid”, donde el rey Alfonso VI ha prohibido que nadie ayude al Cid en el camino a su destierro.


lunes, 16 de enero de 2012

Poema al Dos de Mayo

Bernardo Lopez García (1838-1870) era un poeta español, nacido en Jaén, que saltó a la fama tras publicar, en 1866, la "Oda al Dos de Mayo". Una poesía patriótica dedicada a los sucesos del Dos de Mayo, y que desde entonces ha sido su obra más conocida:


Oigo, patria, tu aflicción,
y escucho el triste concierto
que forman, tocando a muerto,
la campana y el cañón;
sobre tu invicto pendón
miro flotantes pendones,
y oigo alzarse a otras regiones
en estrofas funerarias,
de la iglesia las plegarias,
y del arte las canciones.


Lloras, porque te insultaron
los que su amor te ofrecieron
¡a ti, a quien siempre temieron
porque tu gloria admiraron;
a ti, por quien se inclinaron
los mundos de zona a zona;
a ti, soberbia matrona
que, libre de extraño yugo,
no has tenido más verdugo
que el peso de tu corona!


Doquiera la mente mía
sus alas rápidas lleva,
allí un sepulcro se eleva
contando tu valentía.
Desde la cumbre bravía
que el sol indio tornasola,
hasta el África, que inmola
sus hijos en torpe guerra,
¡no hay un puñado de tierra
sin una tumba española!


Tembló el orbe a tus legiones,
y de la espantada esfera
sujetaron la carrera
las garras de tus leones.
Nadie humilló tus pendones
ni te arrancó la victoria;
pues de tu gigante gloria
no cabe el rayo fecundo,
ni en los ámbitos del mundo,
ni en el libro de la historia.


Siempre en lucha desigual
cantan tu invicta arrogancia,
Sagunto, Cádiz, Numancia,
Zaragoza y San Marcial.
En tu suelo virginal
no arraigan extraños fueros;
porque, indómitos y fieros,
saben hacer sus vasallos
frenos para sus caballos
con los cetros extranjeros.


Y aún hubo en la tierra un hombre
que osó profanar tu manto.
¡Espacio falta a mi canto
para maldecir su nombre!
Sin que el recuerdo me asombre,
con ansia abriré la historia;
¡presta luz a mi memoria!
y el mundo y la patria, a coro,
oirán el himno sonoro
de tus recuerdos de gloria.


Aquel genio de ambición
que, en su delirio profundo,
cantando guerra, hizo al mundo
sepulcro de su nación,
hirió al ibero león
ansiando a España regir;
y no llegó a percibir,
ebrio de orgullo y poder,
que no puede esclavo ser,
pueblo que sabe morir.


¡Guerra! clamó ante el altar
el sacerdote con ira;
¡guerra! repitió la lira
con indómito cantar:
¡guerra! gritó al despertar
el pueblo que al mundo aterra;
y cuando en hispana tierra
pasos extraños se oyeron,
hasta las tumbas se abrieron
gritando: ¡Venganza y guerra!


La virgen, con patrio ardor,
ansiosa salta del lecho;
el niño bebe en su pecho
odio a muerte al invasor;
la madre mata su amor,
y, cuando calmado está,
grita al hijo que se va:
"¡Pues que la patria lo quiere,
lánzate al combate, y muere:
tu madre te vengará!"


Y suenan patrias canciones
cantando santos deberes;
y van roncas las mujeres
empujando los cañones;
al pie de libres pendones
el grito de patria zumba
y el rudo cañón retumba,
y el vil invasor se aterra,
y al suelo le falta tierra
para cubrir tanta tumba!


¡Mártires de la lealtad,
que del honor al arrullo
fuisteis de la patria orgullo
y honra de la humanidad,
¡en la tumba descansad!
que el valiente pueblo ibero
jura con rostro altanero
que, hasta que España sucumba,
no pisará vuestra tumba
la planta del extranjero!

miércoles, 4 de enero de 2012

La Guarida hecha libro

Hace unas semanas contactó conmigo un trabajador de la empresa Printcolor ofreciéndome la impresión del blog, completamente gratis. Y así lo hice, me curré el paso de todas las cápsulas (excepto las que eran susceptibles de poseer derechos de autor, como artículos de periódico y poemas, por si acaso) y su paso a formato "pdf". En pocos días me llegó el pedido, mi blog hecho libro.

Portada del libro de "La Guarida de Viriato",
he usado el rectángulo rojo para tapar mi
nombre y conservar la privacidad.

El resultado ha sido un libro de más de 200 páginas, con portada y contraportada a color e interior (en blanco y negro) con más de 60 capítulos totalmente ilustrados. La calidad es bastante buena y no descarto realizar algún pedido en el futuro para seguir pasando a papel los artículos de La Guarida.

Así que aprovecho esta entrada para agradecer a la empresa Printcolor el ofrecer esta promoción que me ha permitido convertir mi bitácora en algo físico que puedo añadir a mi biblioteca.

martes, 27 de diciembre de 2011

Miguel de Cervantes Saavedra

Retrato de Miguel de Cervantes.

Miguel de Cervantes Saavedra nació probablemente en Alcalá de Henares (Madrid) entre el 29 de septiembre y el 9 de octubre de 1547.

A lo largo de su agitada vida estuvo encarcelado en España y sufrió un cautiverio en tierras otomanas. Vivió la gloria de “Lepanto” y el fracaso de la “Armada Invencible”. Vivió, escribió, luchó y padeció. Residió en Alcalá, Valladolid, Madrid, Esquivías (La Mancha) e Italia.

En 1569 el rey Felipe II manda arrestar a un tal Miguel de Cervantes por herir en un duelo a Antonio Sigura. Si el Cervantes que aparece en la orden del rey español es “nuestro” Cervantes eso explicaría su partida a tierras italianas, a la Italia española. Ya en Italia, y tras otros menesteres, se alistó como soldado en los gloriosos Tercios españoles. Hecho que le llevó a participar el 7 de octubre de 1571 en la batalla de Lepanto donde luchó con valentía y en la que fue herido hasta tres veces, una de estas heridas le inutilizó la mano izquierda, por lo que le apodaron como “el manco de Lepanto”.

Su vida militar no acabó ahí, tras varios meses recuperándose de sus heridas la retomó, volviendo a combatir a los otomanos en Corfú (Grecia).

El 20 de septiembre de 1575 Cervantes y su familia partieron de Nápoles, con rumbo a España pero, debido a una tormenta, la goleta en la que viajaban se separó del resto de la flota y fue atacada por tres naves corsarias al mando del albanés Arnaute Mamí. Tras el combate Miguel de Cervantes y su hermano Rodrigo fueron apresados. El escritor portaba dos cartas de recomendación para Felipe II del mismísimo Juan de Austria (hermanastro bastardo del rey de España, y comandante de la flota cristiana en Lepanto) con el objetivo de conseguir un ascenso. Estas cartas hicieron pensar a sus captores que los hermanos Cervantes tenían una posición económica muy elevada y pidieron un cuantioso rescate por ellos.

Fueron trasladados a Argel (Argelia). En 1577 Rodrigo fue liberado, tras un rescate pagado por sus hermanas Andrea y Magdalena (supuestamente prostitutas que consiguieron el dinero tras un pleito con un rico madrileño en el que le pedían una indemnización porque, al casarse, no podrían beneficiarse de él como cliente), pero Miguel continuó entre rejas, aunque intentó escapar de presidio hasta en cuatro ocasiones, fallidas por supuesto. Su libertad tuvo que esperar hasta el 19 de septiembre de 1580, cuando su familia pudo pagar el rescate. Pasó cinco largos años preso.

Portada de la edición princeps
de 
El ingenioso hidalgo don
Quijote de la Mancha (1605).

Con 37 años Miguel de Cervantes de casó con Catalina de Salazar y Palacios, de solo 18. En 1587 ingresó en la Academia Imitatoria (primer círculo literario madrileño) y, además, fue nombrado Comisario Real de Abastos (recaudador de especies) para la Armada Invencible.

Y, por fin, en 1605, se publicó en Madrid su obra El Ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha, primera parte de la novela que lo haría universalmente famoso. En 1614 apareció en Tarragona la supuesta continuación, falsa, de El Quijote, de un tal Alonso Fernández de Avellaneda (aunque este nombre en realidad era solo un seudónimo), y en la que utilizaba el prólogo para proferir insultos contra Cervantes. En 1615, ya sí, Cervantes terminó y publicó la segunda parte de su obra maestra.

Miguel de Cervantes fallece entre el 22 y el 23 de abril de 1616. Fue enterrado en el convento de las trinitarias descalzas, pero a día de hoy no se conoce la localización exacta de su sepultura.

lunes, 12 de diciembre de 2011

¡Gracias Guardia Civil!

Ha llegado a mi correo electrónico un recorte de periódico. Se trata de un artículo, publicado el 16 de octubre de este año en “La Voz de Galicia”, en el que Pablo Mosquera, fundador de Unidad Alavesa, dedica unas palabras a la Guardia Civil. Simpatizo con su postura y por ello os muestro el artículo íntegro:

¡Gracias, Guardia Civil! Por Pablo Mosquera

Mientras los políticos hablan, la Guardia civil sigue trabajando. Mientras los políticos quieren adjudicarse el triunfo sobre ETA, la Guardia Civil no descansa y mantiene sus operativos, que han sido el núcleo central sobre el que gravita el exitoso acoso a la banda Mientras los políticos caen una y otra vez en tentaciones mediáticas de conferencias en las que se da protagonismo a ETA y su entorno, la Guardia Civil detiene a sus comandos. 

Mientras el candidato a seguir en el Gobierno trata de apuntarse el éxito del final  del terrorismo, la Guardia Civil celebra su patrona recordando a más de 200 agentes asesinados por los gudaris. 

Dice el Cantar de Mío Cid: «qué buen vasallo, si tuviese buen señor». Son 167 años de servicio a España Desde la austeridad casi franciscana de aquellas casas cuarteles en la España rural, hasta las modernas instalaciones actuales. Algo tiene este cuerpo que transmite orgullo de padres a hijos para seguir -polillas- el servicio en las más diversas circunstancias, incluida la del riesgo que hemos compartido en silencio, sin un paso atrás en el País Vasco, para llegar hasta hoy, en que la perseverancia ha dado sus frutos, dejando claro que la colaboración internacional ha sido más eficaz en la medida que se ha permitido la presencia de la Guardia Civil en territorio de Francia. 

He visto a jóvenes recién salidos de Valdemoro y veteranos oficiales y suboficiales compartir en Sansomendi de Vitoria momentos duros; lo mismo en Llodio, un emplazamiento que ETA quería borrar de la faz de la Tierra, o a las unidades de información y del GAR realizar su trabajo en los momentos más difíciles, casi desesperados de la lucha contra el MLNV, cuando parecía que iban ganando. A mis escoltas de la unidad de élite de la policía vasca los sometía a un test. Consistía en acudir regularmente al bar de jefes y oficiales de la Guardia Civil en Vitoria. Solo me servían los que no se quedaban fuera. Con el tiempo, eran ellos mismos los que me pedían entrenar con sus hermanos mayores del Instituto armado. 

No debemos olvidar nunca lo que este país le debe al benemérito instituto donde enseñan que hay dos cuestiones básicas en la vida: el servicio a España y el honor. Con gentes así paisanos en estado puro, dedicados a cuidar de los demás, este viejo territorio puede dormir tranquilo.

Patrulla del GAR (Grupo Antiterrorista Rural).

Y este escrito me ha recordado a otro del gran Arturo Pérez Reverte, publicado en XLSemanal hace tiempo, en el que también elogia la labor de la Guardia Civil, con un toque de sentimentalismo, y que dice tal que así:

El Picoleto Por Arturo Pérez Reverte

En la sierra de Madrid anochece gris, brumoso y sucio. Llevo todo el día dándole a la tecla y me apetece estirar las piernas, así que me enfundo la cazadora de piloto del Güero Dávila y salgo a dar un paseo. Cae una llovizna fría, y el agua en la cara me espabila un poco cuando bajo hasta el bar de Saturnino, que está junto a la carretera, en busca de un café. El camino pasa por la iglesia, en cuyo porche me entretengo un rato con don José, el párroco, que está allí con su eterna boina, como un centinela en su garita. Qué te parece lo de ese pobre chico, dice. Y me cuenta. Hace sólo unas horas, muy cerca de aquí, dos heroicos gudaris han asesinado a un joven guardia civil cuando éste se llevaba la mano a la visera de la teresiana para decir buenas tardes. Hablamos un rato del asunto, el páter me cuenta los detalles que ha oído en la radio, y luego me despido y sigo mi camino bajo la lluvia.

Cuando llego al bar, llueve a cántaros. Digo buenas tardes, me apoyo en la barra sacudiéndome como un perro mojado, y pido un cortado con leche fría. Saturnino, que es grande y tripón, deja la partida de mus y pasa al otro lado del mostrador mientras sus contertulios aguardan, pacientes. En la tele, sin sonido, hay un concurso idiota; y en la radio Rocío Jurado canta como una ola, tu amor llegó a mi vida, como una ola. Enciendo un cigarrillo. Junto a mí, en la barra, están cinco albañiles de las obras cercanas; son tipos duros, de manos rudas, manchados de cemento y yeso. Fuman y beben cubatas y carajillos de Magno mientras comentan lo del picoleto muerto, a su estilo: nada que ver con las tertulias políticamente correctas que uno escucha en el arradio ni con los circunloquios del Pepé y el Pesoe. Por lo menos, comenta uno de ellos, un etarrata se llevó lo suyo. Y lástima, añade el otro, que no le dieran un palmo más arriba, al hijoputa. En los sesos. Ése es el tono de la charla, así que tiendo la oreja. Otro cuenta cómo el segundo guardia, herido en el brazo derecho, aún tuvo el cuajo de seguir disparando con la izquierda. Y el del paraguas, añade otro. Ése que pasaba de paisano y corrió a ayudarlos con el paraguas de su mujer como arma. Compañerismo, opina un tercero. Y huevos, apunta otro. Sabe Dios cuántos guardias civiles han muerto ya con esto de ETA, dice alguien. La tira, confirman. Ha muerto la tira. Y ahí siguen, los tíos. Aguantando mecha sin decir esta boca es mía. ¿Os acordáis de sus hijos muertos en las casas cuartel?.

Me quedo oyéndolos un rato mientras doy unos tientos al café infame de Saturnino. A veces son como son, comenta un albañil. Tarugos de piñón fijo. Pero hay que reconocer que siempre están donde tienen que estar. ¿No? Martínez, les dicen, ponte ahí hasta que te releven. Y Martínez no se mueve de ahí aunque se hunda el mundo o lo maten. Por ciento ochenta mil pelas al mes que cobran. Y sin sindicatos, que tiene guasa la cosa. Eso vale algo, dice otro. O mucho. La prueba es que la gente dice que tal, cual; pero cuando tienes un problema, ni Gobierno ni rey, ni leches. De los únicos que de verdad te fías en España es de la Guardia Civil. Los cinco siguen un rato comentando el asunto. Y en ésas, como si estuviera preparado, se para afuera un coche verde blanco con pirulos azules. Por la ventana veo como salen dos guardias; otro empuja la puerta y entra. Es un guardia joven y alto. Tal vez se parece al que acaban de matar. Hasta es posible que pertenezca al mismo puesto Villalba, o al vecino de Galapagar. El guardia dice buenas tardes, se quita la teresiana y viene hasta la barra. Un café, por favor, le pide a Saturnino. Solo. Al entrar se ha hecho un silencio. Los albañiles lo miran y hasta los del mus se olvidan de los duples y del órdago. Cuando tiene delante el café, el picoleto saca del bolsillo dos aspirinas, y se las traga con unos sorbos. Qué le debo, pregunta, echándose la mano bolsillo. Saturnino va a abrir la boca, cuando desde el grupo de los albañiles le hacen un gesto negativo. Está invitado, rectifica Saturnino. Por los caballeros.


El guardia se vuelve hacia el grupo y mira un instante sus monos y ropas manchadas. Sus caretos masculinos y honrados, solemnes, sin afeitar, fatigados de todo el día en el tajo. Los cinco lo observan muy serios. Gracias, dice. Algún albañil inclina un poco la cabeza. Nadie sonríe ni dice una palabra. El picoleto se pone la teresiana y se va. Y yo me digo: me han ganado por la mano estos cabrones. Tenía que habérseme ocurrido. Ese café habría debido pagarlo yo.


¡GRACIAS, GUARDIA CIVIL!, Artículo de Pablo Mosquera.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Poesía a Blas de Lezo

Visitando el blog de uno de los seguidores de La Guarida me he topado de bruces con un magnífico poema que desearía compartir, sobre Don Blas de Lezo y Olavarrieta, ese magnífico marino y héroe español.


Que te estudien en la E.S.O
mi admirado PataPalo
pues tu gesta es de cuidado
¡y lo hizo Blas de Lezo!

La Armada filibustera
presentóse en Cartagena
estirado su Almirante
engolado como nena
con cien barcos por delante
y lanzando sus bravatas
con su fuego de fragatas
resultaron escaldados
sus barcos recién pintados
fueron pasto de fogatas

Por esas tierras de ultramar
no volvieron a asomar
los anglos y los sajones
allí dejaron sus "cajones"
que pongan esta gesta
en Britanica Enciclopedia
y también en Wikipedia
¿o acaso les indigesta?

Ministrilla de Cultura
guionistas cantamañanas
aquí os dejo ésta historia
del valor de Las Españas
estudiadla con ahínco
producidla con esmero
bien rodada y con dinero
¡exitazo en TeleCinco!

.C -


Fuente: Las letras penitentes

miércoles, 19 de octubre de 2011

Las monjas y la bandera

No acostumbro a copiar/pegar textos, pero con el gran Arturo Pérez Reverte me permito alguna excepción. Éste es uno de sus artículos publicados en XL Semanal. No es de sus escritos más actuales (tiene ya más de un año) pero sí de mis favoritos.

Hace algunos años, en el canal de entrada de San Juan de Puerto Rico, frente a los castillos del Morro y San Cristóbal, me llamó la atención una enorme bandera española que alguien ondeaba en un edificio blanco próximo a la embocadura. «Son las monjas», dijo quien me acompañaba, que era mi amigo y editor en Puerto Rico Miguel Tapia. «Y eso es que está entrando un barco español.» No hablamos más en ese momento, pues estábamos ocupados en otras cosas; pero lo de la bandera y las monjas me picó la curiosidad. Así que después procuré enterarme bien del asunto, que resultó ser una bella historia de lealtades y nostalgias. Algo que realmente comenzó hace más de un siglo, el 16 de julio de 1898. 

Aquel fue el año del desastre. Trece días antes, la escuadra del almirante Cervera, que había salido a combatir sin esperanza en el combate más estúpido y heroico de nuestra historia, había sido aniquilada en Santiago de Cuba por el abrumador poder naval norteamericano. Los buques de guerra yanquis bloqueaban la isla de Puerto Rico, impidiendo la llegada de refuerzos y suministros a las tropas cercadas. En esas circunstancias, el Antonio López, un moderno y rápido buque mercante que había salido de Cádiz con armas y pertrechos para la guarnición, recibió un telegrama con el texto: «Es Que Usted Haga Llegar Preciso El Cargamento Un Puerto Rico Aunque Sí Pierda El Barco». Veterano, disciplinado, profesional, con los aparejos en su sitio, el capitán del Antonio López, que se llamaba don Ginés Carreras, intentó burlar el bloqueo estadounidense. No lo consiguió. El 28 de junio, cuando navegando sin luces y pegado a la costa intentaba entrar en San Juan, fue localizado por el USS Yosemite, que lo cañoneó. El capitán Carreras logró escapar a medias, varando el barco en Ensenada Honda, cerca de la playa de Socorro, desde donde en los días siguientes intentó llevar a tierra cuanto podía salvarse del cargamento. Pero dos semanas más tarde, el USS New Orleans se acercó para dar el golpe de gracia, destrozándolo a cañonazos. 

Fue entonces cuando se tejió la historia que les cuento. Bajo el bombardeo, un tripulante del Antonio López, que se había atado la bandera del barco a la cintura antes de echarse al agua para intentar ganar tierra a nado, llegó gravemente herido a la orilla. Nunca pudo averiguarse su nombre, pues murió en brazos de un puertorriqueño de los que acudieron a ayudar a los náufragos. «Que no la agarren», suplicó el marinero mientras moría, señalando la bandera. Y el puertorriqueño cumplió su palabra, quizá porque se llamaba Rocaforte y era de padres gallegos. Hombre supersticioso o religioso, y en cualquier caso hombre de bien, por no incumplir la demanda de un moribundo, la guardó en su casa durante años. Y al fin, un día, pensó en las monjas. 

Eran españolas, de las Siervas de María, instaladas en la isla desde 1897. Atendían un hospital junto a la boca del puerto, y permanecieron allí después de la salida de España y la descarada apropiación de la isla por los Estados Unidos. Acabada la guerra, las hermanas, con la natural nostalgia, adoptaron la costumbre de saludar desde la galería del hospital, agitando sus pañuelos, cada vez que un barco de su lejana patria entraba o salía en el puerto. Eso dio a Rocaforte la idea de confiarles la bandera. Se presentó en el hospital, contó la historia a la madre superiora, y le entregó la enseña. Y desde entonces, cuando entraba o salía de San Juan un barco español, las monjas hacían ondear en la galería, en vez de pañuelos, la vieja bandera del barco perdido. 

Todavía lo hacen, un siglo después. De las veintisiete monjas que atienden hoy el hospital de las Siervas de María, ya sólo cinco son compatriotas nuestras. Pero cada vez que un barco español pasa frente al hospital, navegando lentamente por la canal de boyas, su capitán cumple el viejo ritual de dar tres toques de sirena y hacer ondear la bandera en respuesta al saludo de las monjas, que desde la galería agitan la suya. De haberlo sabido, aquel anónimo marinero del Antonio López que hace ciento doce años se arrojó al mar, intentando ganar la playa bajo el fuego norteamericano con la enseña de su barco atada a la cintura, estaría satisfecho. Me pregunto si quienes salieron a la calle tras el último partido del Mundial de Fútbol, llenándolo todo de colores rojo y amarillo, serían conscientes de que se trataba de la misma memoria y la misma bandera. Y de que, al ondearla con júbilo en calles y balcones, rendían también homenaje a tanta ingenua y pobre gente que, manipulada, engañada, manejada por los de siempre -«Aunque Sí Pierda El Barco», ordenaron los que diseñan banderas pero nunca mueren defendiéndolas-, cumplió honradamente con lo que creía eran su deber y su vergüenza torera. Y esto incluye a las monjas de San Juan.

lunes, 15 de agosto de 2011

Lectura recomendada

Primera edición de la obra (1956)
En lugar de una cápsula de historia os traigo una recomendación para leer. Muy recomendada, una obra cuyo título lo dice todo. "Embajador en el infierno", el mejor representante que España podría tener en el peor lugar de la Unión Soviética, sus campos de concentración.

En el libro el Capitán de la División Azul (División Española de Voluntarios) Teodoro Palacios (junto al escritor Torcuato Luca de Tena) cuenta sus memorias desde el momento en el que es capturado en el frente ruso y llevado a los campos de concentración, siendo trasladado numerosamente durante sus 11 años de cautiverio.

Es uno de los mejores textos sobre la Blue que he leído, se te pondrá la carne de gallina viendo (leyendo mejor dicho) como el Capitán se enfrenta a generales rusos en grandes batallas diplomáticas, sin temor a la muerte que tanto le acechaba.

El capitán, junto al resto de españoles (los que no rechazaron su nacionalidad) que permanecieron en cautiverio durante muchos años. fueron liberados y trasladados a España tras la muerte de Stalin.

viernes, 22 de julio de 2011

Canción del Pirata, de José de Espronceda

Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín.
Bajel pirata que llaman,
por su bravura, el Temido,
en todo el mar conocido
del uno al otro confín.
La Luna en el mar ríela,
en la lona gime el viento,
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y va el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Estambul.
Navega, velero mío,
sin temor,
que ni enemigo navío
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.
Veinte presas
hemos hecho
a despecho
del inglés,
y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
Allá muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra;
que yo aquí tengo por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.
Y no hay playa,
sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor,
que no sienta
mi derecho
y dé pecho
a mi valor.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
A la voz de «¡barco viene!»
es de ver
cómo vira y se previene
a todo trapo a escapar;
que yo soy el rey del mar,
y mi furia es de temer.
En las presas
yo divido
lo cogido
por igual;
sólo quiero
por riqueza
la belleza
sin rival.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
¡Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río;
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena,
colgaré de alguna entena,
quizá en su propio navío.
Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di,
cuando el yugo
del esclavo,
como un bravo,
sacudí.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
Son mi música mejor
aquilones,
el estrépito y temblor
de los cables sacudidos,
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.
Y del trueno
al son violento,
y del viento
al rebramar,
yo me duermo
sosegado,
arrullado
por el mar.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.


El autor español José de Espronceda
El autor de esta composición es José de Espronceda (1808-1842). Como curiosidad sabed que este poema se publicó después de su muerte.


Más información sobre Espronceda AQUÍ

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